‘Gatellización’ del lenguaje del Estado

José Carreño Carlón

El presidente hace ostentación de su mando sobre órganos autónomos

Perturbadora ostentación

A la vista de la definición de tiranía de Madison, recordada por Héctor Aguilar Camín y Carlos Elizondo-Serra, el presidente concentra ya en su persona decisiones formalmente a cargo de los poderes Legislativo y Judicial. Pero, acaso más perturbador, el gobernante hace ostentación de su mando sobre esos y otros órganos autónomos del Estado. Una mañana replica que su consulta no viola la Constitución a los argumentos de juristas reconocidos que sostienen la inconstitucionalidad. Y, para la tarde, una mayoría resuelve en el Pleno de la (¿todavía?) ‘suprema’ Corte que, en efecto, la materia de la consulta es constitucional, aunque cada ministro obsecuente haya expuesto materias distintas al pronunciarse en favor.

En otro amanecer el presidente pide divulgar partes del expediente Lozoya, sujeto a sigilo constitucional y bajo custodia de la formalmente autónoma Fiscalía General: se trata de partes en que se involucra a adversarios de AMLO. Al día siguiente aparecen ‘filtradas’en medios y redes. Y otro día el presidente establece que su partido designe a su dirigente formal por encuesta. Y el Tribunal Electoral ordena, sin base legal, al INE, que diseñe dicha encuesta dentro de un proceso que ayer avaló el propio tribunal. Nada indica, sin embargo, que ello resuelva la crisis del partido oficial, ante la evidencia del estallamiento prematuro de la guerra por la candidatura presidencial. Y ante la nueva constatación de una arraigada, atávica cultura —de la que el primer magistrado es exponente mayor— que sólo reconoce resultados electivos cuando se gana.

Una más: contra la resistencia ejercida por científicos, artistas, estudiantes, creadores y divulgadores culturales, el presidente (y supremo legislador) apremia a los legisladores ordinarios a aprobar la extinción de fideicomisos que sustentan instituciones clave para el desarrollo de la ciencia, las artes, la cultura. Ayer se aprobó el adiós a esos mecanismos institucionales. Un objetivo: disponer de decenas de miles de millones de pesos el próximo año electoral. Otro: distribuir directamente, a discreción del mandatario, recursos para los damnificados de la eliminación de la instancia institucional. Se trataría de llevar los esquemas clientelares del régimen a esos terrenos y de profundizar en el desmantelamiento en curso de las instituciones del Estado en beneficio del poder personal omnímodo.

Madison y Orwell


Una decena de controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad suscitadas por leyes impuestas del presidente legislador espera ser desechada en la Corte, ahora bajo control también del presidente juez supremo. Una acumulación de todos los poderes, de la que el presidente hace ostentación y a la que Madison define como tiranía. Y ya nos enseñó Orwell la función de la desnaturalización del lenguaje en el totalitarismo. Lejos (todavía) de ello, preocupa la cerrada competencia del presidente de México con el de Estados Unidos en la cantidad de afirmaciones engañosas o no verdaderas.

Fase superior


Pero si el habla presidencial es irrepetible, salvo cuando es parodiada en la conversación cotidiana, su epígono López-Gatell ha desarrollado un lenguaje que cunde. Entre charlatán y merolico, no dice nada y cuando algo dice se queja de la mala fe o de la incapacidad de los medios para trasmitirlo, mientras la gente percibe que se le cuenta algo distinto a sus vivencias. Ministros que hablan de proteger la Constitución mientras la contradicen. Magistrados electorales que se reputan independientes y sirven al oficialismo en turno. Legisladores que dicen valorar los fideicomisos que exterminan. Todo de corrido y con cara de circunstancia. Es la gatellización del lenguaje del Estado como fase superior de su modelo macuspano.

Profesor de Derecho de la Información. UNAM

 

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