Falacias fatales

José Carreño Carlón

El mandatario tiene lo mismo para demoler un aeropuerto que para empañar todo signo de modernidad en la sociedad y demonizar la pluralidad

Lo informe. El ‘informe’ de ayer me remontó a la década de 1970 y a un texto memorable de Gastón García Cantú en Excélsior. Fue a propósito del segundo o tercer ‘informe’ del presidente Echeverría. Su título, “Lo informe”. Con el cambio del artículo determinado ‘el’ por el artículo neutro ‘lo’, convirtió la apoteosis de ‘El informe’ que celebraban año con año prensa, radio y tele oficialistas, en su anticlímax. Porque lo informe es algo sin forma, generalizaciones y números incomprobables, algo vago, frecuentemente impreciso, otras veces falso o engañoso. Incluso se podría haber titulado ‘Lo deforme’, por las alusiones del autor a los abusos retóricos de la época y a las interminables digresiones características de ‘El estilo personal de gobernar’, descrito entonces en esta frase (luego con un libro) por Daniel Cosío Villegas.

Fue aquella una frase de precisión que pasó a la conversación pública para denotar los rasgos particulares de cada autocracia del ciclo del absolutismo presidencial, hoy, en exagerada, y a la vez intelectualmente depauperada restauración. El reinvento actual del hiperpresidencialismo despide estruendos mesiánicos, milenaristas, vengadores de los pecados de antes, anunciadores del reino de la justicia y del amor, como lo sugirió el presidente. Pero aquí y ahora es un hiperpresidencialismo sin los límites que finalmente contenían a sus antecesores. Informe o deforme en la expresión, tiene sin embargo la claridad de un poder omnímodo decidido a demoler los frenos y contrapesos de la incipiente democracia mexicana.

Con el apoyo del 70% de la población, que recibe los beneficios de alguno de sus programas de distribución de fondos, quedó claro que el mandatario tiene suficiente lo mismo para demoler un aeropuerto que para empañar todo signo de modernidad en la sociedad, encapsular y demonizar la pluralidad en la vida política, estrechar la apertura de la economía y distorsionar el formidable entramado que se vino forjando por décadas para el desarrollo científico de la nación y el fomento cultural en la diversidad. Pero a pesar del díctum presidencial, sólo el tiempo dirá si el presente es un paréntesis de rebrote autoritario dentro del ciclo de reformas y avances democráticos de las pasadas tres décadas, o si, al contrario, el pasado ciclo de construcción de instituciones democráticas y equilibrios de poder fue un paréntesis en la más larga y arraigada historia del autoritarismo mexicano. Ésta parece ser la apuesta.

Contrainforme. Ya los medios independientes anticiparon en estos días diversos enfoques de lo que podría ser un contrainforme presidencial, con los grandes saldos negativos de los primeros dos años de gestión, saldos transformados ayer en positivos en el informe del padre de la gran transformación. Este desempeño periodístico aportó una verdadera guía para desmontar las “afirmaciones no verdaderas” de las palabras presidenciales que se empeña en inventariar Luis Estrada, de Spin: las llamadas afirmaciones falsas o engañosas que monitorea el Washington Post del hablar tóxico de Trump.

Falacias fatales. Mentiras criminales, falacias fatales, han sido llamadas en México y Estados Unidos, los afanes minimizantes y las actitudes negacionistas de los presidentes de los dos países, respecto del peligro para sus connacionales, como el pésimo ejemplo de su renuencia a usar mascarillas. De estrategias no convencionales para ir saliendo de la crisis, habló ayer el mexicano. “Los próximos meses serán horribles”, advirtieron ayer a su vez algunos de los más destacados científicos del mundo, desde la nota principal del NY Times, bajo un titular a todo lo ancho de la primera plana: “Largo, oscuro invierno se avecina antes de contar con vacunas en EU”. ¿A qué le tiramos aquí? ¿Quién miente?

 

Profesor de Derecho de la Información. UNAM

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