Elogiar soldados en fuga; vituperar médicos y UNAM

Como si aquí no hubiera suficiencia de médicos, ahora desempleados y subempleados en la peor crisis de salud pública

José Carreño Carlón
Nación 18/05/2022 03:00 Actualizada 03:01
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Buena y mala noticia. El presidente se esfuerza infructuosamente en fabricar la imagen de soldados en fuga como buena noticia y la labor de la UNAM y los médicos mexicanos como mala noticia. La magia comunicativa atribuida a López Obrador lleva la firma del presidente Ronald Reagan. La fórmula de dirigir los mensajes al público sin intermediaciones, para someter o anular los frenos y contrapesos constitucionales llevan la marca ‘Going public’. Fue diseñada tardíamente en la oficina del presidente Carter, generalizada por Reagan, vulgarizada por Trump y sus tuits y llevada aquí a extremos ominosos por las mañaneras palaciegas. Una fórmula complementaria de la anterior, también de matriz reaganiana y también importada por AMLO, es la que se aplica para ocultar realidades y noticias adversas. Consiste en convertir en noticia negativa a quienes, en su papel, exhiben excesos, engaños, faltas y desviaciones: el periodista y el medio, el académico, el actor social (hoy, el gremio médico) o la institución autónoma (la UNAM, el INE).

Postrar a la ciencia. Ante la pésima recepción pública de la noticia de la nueva importación de médicos cubanos, el presidente mexicano trata de convertir en noticia negativa a la UNAM, particularmente a su Facultad de Medicina, y a las organizaciones médicas que cuestionaron con datos duros ese anuncio. Como si aquí no hubiera suficiencia de médicos, ahora desempleados y subempleados en la peor crisis del sistema de salud. Y como si nuestra universidad no fuera la meca de buena parte de jóvenes latinoamericanos aspirantes a estudiar medicina y formarse en sus especialidades. Pero convertir en mala noticia a la UNAM va además por debilitar su tejido normativo, institucional y comunitario, postrarla a la comunidad científica y a la ciencia con fines de control y de su instrumentación al servicio del régimen.

El manual Reagan. Difícil vaticinar si funcionará en este caso el manual de Reagan. Su administración sí logró desviar por un tiempo la atención de la noticia negativa del financiamiento de la CIA para la compra de armas para la ‘contra’ nicaragüense con operaciones de narcotráfico. En efecto, convirtió en noticia negativa al periodista que la publicó, Gary Webb, desautorizado parcialmente por su medio, difamado hasta en temas de infidelidad conyugal y encontrado muerto con dos balazos en la cabeza. Legalmente, suicidio. Más difícil parecería convertir en buena noticia la ya célebre imagen de los soldados en fuga convertida por el presidente en muestra de responsabilidad del ejército.

El manual AMLO. Una tercera fórmula, surgiría del manual de las mañaneras, consiste en evitar o eludir los temas del desastre de la gestión de gobierno. No requiere entrenamiento de medios. Suficiente, controlar a quienes preguntan y a quienes callan para así ‘responder’ con discursos sin relación alguna. En los 40 meses, 18 días que lleva el sexenio (le quedan 30 meses con 12 días), los abrazos y los cuidados a las bandas criminales asumidos en la más reciente confesión pública del presidente, no sólo han dejado 150 mil homicidios, sino también una vejación cada dos meses, cuando menos, del poder de los delincuentes contra las fuerzas armadas del Estado, conforme al acucioso recuento de Manuel Espino en EL UNIVERSAL del domingo. ¿Alguna pregunta?

Soldados y sicarios. Como cada mañana, se embelesa con sus palabras y gesticulaciones. Estupefacto, su pueblo alucina con imágenes de soldados huyendo entre injurias de sus perseguidores: delincuentes a los que, en sus palabras, el comandante en jefe cuida, igual que a las fuerzas armadas de la nación. Sicarios y soldados, iguales ante el gobernante y su voz protectora. Muchas preguntas.

Profesor de Derecho de la Información, UNAM

 

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