Textos y pretextos. Un libro propio —sin rigor en su contenido y sin escrúpulos en la forma de hacerlo circular— fue la coartada de López Obrador para salir de su inverosímil retiro en diciembre. Y un libro ajeno, de factura profesional, podría darle el pretexto para reaparecer en escena. De allí probablemente la cautela de la primera reacción de la presidenta Sheinbaum ante la aparición del título Ni venganza ni perdón, con la entrevista del reconocido periodista Jorge Fernández Menéndez, celebrado, entre otros méritos, por sus investigaciones sobre crimen organizado, con Julio Sherer Ibarra, el influyente consejero jurídico por varios años del presidente López Obrador.

Tipología de reacciones presidenciales. Ante una serie de afirmaciones y revelaciones altamente noticiosas de Scherer, que ocuparon de inmediato los primeros planos de la agenda pública, pareció, en efecto, anticlimática la primera reacción de la presidenta Sheinbaum. Esta primera reacción se parece a la segunda respuesta de la mandataria a las revelaciones y giros informativos que involucraron a Adán Augusto López en el doble rol de su secretario de seguridad en el gobierno de Tabasco y, a la vez, jefe del cártel de La Barredora. En aquella historia, primero se mostró ella temiblemente fría y distante del incriminado mediáticamente y todavía líder del partido oficial en el Senado. Pero más tarde se le vio indulgente con quien además le disputó la candidatura presidencial en 2024. Y, al final de cuentas, ha resultado ella implacable con el todavía senador, ahora relegado por quienes hasta la víspera se rindieron a sus favores. Los tres tipos de respuesta para un mismo condenado parecerían mostrar, si no un método, un modo particular de la presidenta de abrirle paso a sus decisiones frente a los bloqueos de su antecesor.

Revelaciones, incriminaciones. La que envió a un rincón del Senado a quien se veía como personero de López Obrador, resultó una bomba de efecto retardado por varios meses. Una bomba que al parecer no termina de barrer con la impunidad y el cinismo exhibidos por el senador López en su corta carrera en la capital. Y habrá que esperar, con paciencia, los efectos acaso retardados de la serie de revelaciones del libro de Scherer/Fernández, en allegados del expresidente a quienes se incrimina, entre otros delitos, en temas de crimen organizado y financiamiento ilegal de campañas del partido oficial. Ello abonará inevitablemente a la percepción —interna y externa— de un poder político confundido con los poderes criminales.

Rumores, desmentidos. La rumorología se adelantó ayer al dar por renunciado al jefe de asesores de la presidenta y vocero del expresidente, especie que la presidenta desautorizó con claridad, pero sin contundencia.

Campo de batalla. El libro se puede leer también —en líneas y entrelíneas— como un campo de batalla con los actores en guerra civil dentro del régimen. El vocero de AMLO contra el consultor jurídico del presidente, a su vez en pugna con el fiscal y en relaciones sombrías con el presidente entonces de la Corte. Entrevistador y entrevistado logran una historia atendible de crímenes, intrigas y traiciones. ¿Se aproxima un desenlace de todos contra todos?

Humor sólo para mayores. Por eso el libro se puede leer asimismo con Celia Cruz y la Sonora Matancera de música de fondo, para aclarar por qué Songo le dio a Borondongo y por qué Borondongo le dio a Bernabé, por qué Bernabé le pegó a Muchilanga y por qué Muchilanga le echó a Burundanga…

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