El corazón con Evo; el estómago con Biden

José Carreño Carlón

Fue una falta de respeto al presidente, tan indeseable como la falta de respeto cotidiana del presidente contra quienes ejercen su derecho a informar

Ni mentadas de avión ni de Palacio. El contagio no obró el efecto de paliar la inapropiada beligerancia del jefe del Estado contra críticos y opositores al desempeño del gobierno. Al contrario, un nuevo impulso de hostilidad furibunda contra quienes se atreven a rozar los alarmantes saldos negativos de su gestión, surgió como secuela del paso de la Covid sobre la conducta del presidente. Pero insultos, burlas, sobreactuación grotesca de carcajadas como de Carlos López Moctezuma en su rol de villano en las películas de ocho décadas atrás, todo ello pareció ceder unas horas ayer tras varios avisos de que los excesos en el comportamiento de AMLO tocaban fondo, traspasaban los límites del auto respeto y el respeto a la investidura.

Un aviso: los epígrafes que encabezan decenas de artículos y columnas esta semana, en la mayoría de los diarios, en solidaridad con los medios y periodistas acosados por la Presidencia. Otro aviso, indeseable, pero también a ser atendido: la invasión masiva de las redes por una videograbación insultante de pasajeros que acompañaron al presidente en un vuelo comercial el fin de semana. Fue una falta de respeto al presidente, tan indeseable como la falta de respeto cotidiana del presidente —variaciones de mentadas— contra quienes ejercen su derecho a informar, investigar, analizar y opinar, por ejemplo, sobre el desastre del primer año de este gobierno, consignado en las los informes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

El segundo año fue peor, pero de él debe reportar la ASF a finales del presente. Para entonces, quizás el mandatario espera que no haya sobrevivido la autonomía de este órgano fiscalizador o que haya quedado sin autoridad en el debate nacional. Ésa ha sido la fórmula del presidente para desactivar o aniquilar órganos autónomos, satanizar periodistas e intelectuales, minimizar las reivindicaciones de las mujeres, tender cortinas de humo sobre denuncias y evidencias de fracaso. Pero estamos en el límite para desterrar las mentadas de palacio y de sus redes, junto a las mentadas del avión y de todos los caminos.

Aviso oportuno. El regreso del profesionalismo y el trabajo en equipo en el manejo de la comunicación de la Casa Blanca (en contraste con los tuits insomnes y las manías solipsistas de Trump) se puso de manifiesto el domingo con el aviso oportuno de Jean Psaki, la vocera de Biden, a AMLO, de que Estados Unidos no donará ni traspasará sus vacunas mientras no esté cubierta su dotación allá. Fue la fórmula para sacar de la agenda el tema del pedido anunciado del presidente mexicano a su contraparte en el encuentro virtual del día siguiente. Y fue el camino para evitarle al presidente estadounidense tenerle que negar la petición —directa y personalmente— al mexicano.

Pero el aviso acaso también le sirva al presidente de México para evitar en adelante la incongruencia de sostener que él había gestionado mejor la pandemia que EU, sólo para enseguida pedirle ayuda al que supuestamente le va peor. Y también para evitar comparaciones con país alguno, cuando encabezamos la letalidad por Covid más alta a escala continental, si no es que mundial. Ha llegado la hora de procesar profesionalmente los mensajes presidenciales. La relación ya no está ni para los tuits del insomnio de Trump, ni para las ocurrencias de un presidente desmañanado.

Entre estómago y corazón. En el límite, AMLO se alineó el lunes al mensaje y a la agenda de Biden, finalmente más cercana al interés de los migrantes mexicanos que las extorsiones de Trump que el presidente López Obrador valoraba como muestras de respeto. Entre las simpatías por el eje bolivariano del sur, y el realismo de la vinculación al norte, el México de AMLO amaneció con Evo y Maduro en el corazón, pero con el estómago en las remesas y el T-MEC.

 

Profesor de Derecho de la Información, UNAM

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