¿Asomo de realismo? La presidenta Sheinbaum parece haber tropezado con un hilo de realismo. Y lo recubre con los mantras en que han quedado reducidos —por el dueto Trump-Maduro— los principios de la convivencia. Ojo: lo mismo dentro que entre las naciones. Algunos, contenidos en la Carta funcional de la ONU, para regular básicamente las relaciones entre estados, violentados con argucias legaloides por Trump en Venezuela. Pero otros, destinados a garantizar los derechos de las personas, aparecen las resoluciones, declaraciones, convenciones y los tratados del sistema de las Naciones Unidas, violentados, muchos de ellos, por la dictadura venezolana. Y sí, casi toda esta doctrina está reproducida en nuestra Constitución o forma parte de nuestro entramado jurídico. Lo novedoso del discurso de Sheinbaum radicaría en un hábil manejo de la lógica del imperialismo salvaje de hoy, haciéndole ver a Washington que no es necesario actuar en México como en Venezuela. Lo insinuó el 10 de diciembre, en un pasaje dirigido a responder a una enésima referencia del presidente estadounidense a su pretensión de actuar directamente en nuestro país contra los cárteles, porque, afirma, gobiernan en México sobre el poder de Palacio.
Porque no se necesita. Ya el lunes 5, en una reacción más elaborada que la exclusivamente mántrica del 3 de enero de la incursión militar, la captura y el traslado del dictador de Venezuela a Estados Unidos, la Presidenta pareció desarrollar esa pieza de pragmatismo consistente en negar la necesidad de Washington de emprender una incursión punitiva en nuestro país. Y, así, sin dejar de acotar cada frase con un mantra patriótico, la Presidenta refrendó una serie de compromisos adquiridos con Trump, acompañados de una relación de hechos que honrarían convincentemente esos compromisos por parte de ella. Desde el envío de decenas de delincuentes requeridos por Estados Unidos hasta la requisa de centenares de toneladas de droga y la destrucción de laboratorios de fentanilo. De esta manera, en el cálculo de Palacio, no sería menester alguna acción estadounidense en nuestro territorio.
Principios y falacias. Después de una serie de pronunciamientos antiintervencionistas y en favor de la autodeterminación de los pueblos, formulados en tal nivel de abstracción que parecería pensado para legitimar la falacia de que el pueblo venezolano eligió vivir bajo la cruel dictadura de Maduro, la Presidenta llegó, sin embargo, a conclusiones ampliamente compartibles. Por ejemplo, que las intervenciones en América Latina no han generado democracia, bienestar ni estabilidad, como se empieza a repetir con las pretensiones de Trump —tras la incursión— de dirigir el destino del país suramericano y el manejo de sus recursos.
Sheinbaum no es Maduro, ¿ni AMLO? En combinación con el enunciado constante de principios, Sheinbaum parece haber dado también con una línea de comportamiento derecho y pragmático en contraste con el perfil y el desempeño de Maduro. Además, Estados Unidos no la ha acusado —ni hay visos de que se la pueda acusar— de narcotraficante, como al dictador venezolano, por lo que tampoco se le puede aplicar la fórmula Maduro. Adicionalmente, son notorias las diferencias con la gestión de López Obrador en esta materia, aunque las complicidades del crimen con la estructura de poder heredada del expresidente —y el freno para ir contra ellas, impuesto o autoimpuesto sobre el gobierno de Sheinbaum— gravitan pesadamente sobre la gestión de la actual Presidenta.
¿Qué será? Es desde este vértice que Trump repitió, el día mismo de la incursión en Venezuela, que también hay que hacer algo con México. Pero no lo mismo. No es necesario, parecería insistir la Presidenta. Ni sensato, concuerdan las voces más atendibles de México y Estados Unidos.
Académico de la UNAM

