Como suele pasar un jueves dentro de los infinitos jueves de mis semanas, acabé mirando, sin saber por qué, una de tantas explicaciones de cómo funcionan las vacunas ARNm. Los humanos de esta época nos sumergimos en una maraña de reportes de organizaciones internacionales, podcasts y trillones de video blogs de las cosas más absolutamente específicas sin ningún fin determinado. Por eso no sorprende que uno pueda ver una cantidad cercana a infinito de videos recopilatorios de los goles de Messi, teorías de cuerdas y súper cuerdas, cómo exactamente hace el gluten para convertir un pedazo amorfo de materia en una hogaza magnífica y esponjosa. Hay algo en esa fascinación por conocer más de ese tema tan específico al que no le daremos ningún uso práctico que nos hace arrastrar el pulgar y los ojos, dejándonos llevar por los callejones no tan aleatorios de internet.

Sin más, me vi leyendo y escuchando cómo funcionan las vacunas ARNm y, sin convertir esta nota en una infografía, resumiré aspectos importantes con fines de una metáfora que tengo a bien presentarle. Una vacuna ARNm entra al cuerpo en una suerte de caja cuyo contenido son las instrucciones para que nuestro cuerpo produzca los anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad. De ahí el nombre de ARN mensajero y toda la discusión reciente sobre los vectores más idóneos para transportar el mensaje. Dicho de otro modo, las instrucciones o el mensaje pueden entenderse como la receta que nuestro cuerpo seguirá para cocinar anticuerpos, y la caja de la que hablábamos es el dichoso vector.

La humanidad, entonces, descansa sus esperanzas en una cajita que es exactamente igual a una enfermedad ya conocida, pero vacía. Luego le pone ahí dentro las instrucciones para que el cuerpo maquile soldaditos que neutralicen al covid sin que nuestra respuesta inmune nos acabe matando. Y a lo mejor estamos tan apachurrados por esta realidad tan opresiva y muy angustiados por los que ya no están, por los que acaban de enfermarse y por los nosotros mismos, que ya llegamos tan lejos sin enfermarnos, aunque la fila de la vacuna parezca interminable. Tan metidos en todo aquello que será quienes nos sucedan quienes admiren la proeza de hacer en tiempo récord esa cajita con esas instrucciones que es la vacuna ARNm.

En ese pasmo de entender todo aquello, me dio la impresión de que la manera en que funciona la vacuna ARN mensajero guarda ciertas semejanzas con la manera en que quisiéramos que las instituciones políticas en México curaran al país de sus malestares más terrible. Pongamos de ejemplo este sexenio. Un movimiento político asegura que todos los partidos políticos son maquinarias perversas de corrupción y desfalco. Y no se equivoca. Entonces, se propone como el antídoto para remediar al país. Para bien o para mal, vivimos en un sistema democrático relativamente maltrecho donde partidos políticos contienden en elecciones y asumen el encargo de gobernar los asuntos públicos. Como nuestro sistema es éste y no otro, entonces el movimiento transformador utiliza una cajita -un vector- de una enfermedad ya conocida. Es decir, se convierte en un partido político y, bajo la promesa de que es sólo la cajita pero en el interior están las instrucciones para recuperar a México, la ciudadanía se vuelca en apoyo de ese vector que habrá de transformar todo desde dentro.

Así como tenemos ya un tiempecito de vivir la pandemia, no somos ya ningunos novatos en este gobierno federal. Ha pasado suficiente tiempo como para empezar a ver si el mensaje logró llegar a su destino, y si la transformación nacional en verdad comienza. De un modo parecido a cuando los científicos avientan los lentes sobre la mesa cuando sus intentos fracasan, tal vez sea momento de que comencemos a asumir que algunos andadores de la vida pública no se han transformado un ápice.

Claro que la evidencia de que cambios sociales tan grandes difícilmente se verán con la elegancia casi mágica con la que algunas ciencias muestran el progreso en el desarrollo de vacunas. Pero algunos síntomas deberían alertarnos de que nuestros malestares no ceden. No hemos dejado de ver que las instituciones de procuración de justicia son utilizadas como maquinaria para perseguir a unos sí pero a otros no. Las agencias públicas que deben vigilar el ejercicio de los recursos públicos se desdicen vergonzosamente cuando la corrupción aparece como ronchas rojas y evidentes en la administración actual. Todavía se desestima el reclamo de millones de mujeres que exigen ni siquiera justicia, sino que no se premie con candidaturas a perfiles que han logrado detener denuncias por violación en su contra. Toda vez que cosas de esta magnitud se vuelven conocidas, no puede uno dejar de pensar que el mensaje de aquel movimiento que solo se habría de meter en esa cajita de partido político para transformarlo todo se perdió.

@elpepesanchez

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