¿Una nueva época? (II)

José Antonio Lozano Díez

Los cambios de época son difícilmente observables por quienes los viven

En nuestra participación anterior planteamos que los acontecimientos de los últimos años han provocado cambios profundos en el mundo. Cambios paradigmáticos que hacen que el futuro se observe de forma cualitativa distinta. Al parecer hay disrupciones entre el mundo que nos tocó vivir hasta hace poco y el mundo actual.

No se trata de un cambio evolutivo, sino de una ruptura, lo que nos hace pensar que nuestra generación puede estar enfrentando un cambio de época. Los cambios de época son difícilmente observables por quienes los viven. La magnitud e intensidad de las transformaciones no dejan espacio a la perspectiva, aunque hay impulsos que llevan a quienes los viven a ser sus actores principales. Así pasó en la Edad Media o en la Modernidad.

En esta participación y las próximas intentaremos aproximarnos a algunas de las transformaciones que, desde nuestro punto de vista, están contribuyendo al cambio de época histórica. La primera es el surgimiento de nuestra conciencia de vulnerabilidad.

Un signo distintivo de la Modernidad ha sido la conciencia de dominio. La idea del progreso infinito y los avances tecnológicos hizo ver lo pasado como algo inferior. Una confianza excesiva en las propias capacidades llevó a la disrupción con mucho de lo alcanzado hasta ese momento en el campo de la filosofía, la visión del hombre y del mundo. Se llegó al caso en fecha reciente de una corriente como el Transhumanismo

De repente, una serie de acontecimientos nos están llevando a despertar del sueño de dominio. Descubrimos que esa visión era errónea, lo que ha generado una nueva conciencia de vulnerabilidad en diversos ámbitos de los que destacamos tres: i) vulnerabilidad planetaria, ii) vulnerabilidad frente a la falta de respuesta de los modelos económicos y políticos y iii) vulnerabilidad frente al futuro.

Con relación a la conciencia de vulnerabilidad planetaria, la generación actual, de manera particular la representada por Millennials y Centennials, entendió que la idea de progreso continuo e infinito no es posible. En términos del estudio liderado en el año 2009 por el científico sueco Röckstrom, nuestro planeta tiene nueve límites, de los cuales ya hemos sobrepasado cinco, por lo que es evidente que la humanidad para preservarse, requiere modificar su estilo de vida.

En lo que se refiere a la vulnerabilidad frente a la falta de respuesta de los modelos políticos y económicos nos encontramos frente a una gran paradoja: nunca habíamos tenido tanta riqueza acumulada como humanidad y nunca habíamos tenido niveles de insatisfacción tan altos a nivel global. Incluso en países con economías robustas parece alejarse la idea de alcanzar el desarrollo pleno de la persona. Modelos libertarios e igualitarios no parecen tener respuesta a ello. De allí el surgimiento de los populismos en todo el planeta, muestra de vulnerabilidad ciudadana.

Finalmente, en lo que toca a nuestra vulnerabilidad por falta de esperanza frente al futuro, nos encontramos viviendo en un momento en el que las generaciones actuales piensan que el futuro no será mejor, al contrario, lo que nos queda es empeorar, como lo confirman distintos estudios. Citando a Svetlana Boym, profesora de literatura eslava y comparada en la Universidad de Harvard: “El siglo XX comenzó con una utopía futurista y concluyó sumido en la nostalgia”.

Somos una humanidad que está pasando del sueño de la razón y el dominio al de las emociones y la vulnerabilidad. Esa es una transformación profunda que indica la posibilidad del cambio de época.
 

Presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana-IPADE

 

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