El mundo FANI

José Antonio Lozano Díez

Existen muchas incógnitas todavía sobre cómo será la denominada nueva realidad

La pandemia Covid-19 que ha azotado a todo el planeta desde hace dos años ha transformado muchos paradigmas como lo han expresado pensadores como Byung Chul Han, Edgar Morin, Alessandro Baricco o Slavoj Zizek. Aunque existen muchas incógnitas todavía sobre cómo será la denominada nueva realidad, lo que para muchos es claro es que será distinta a la que dejamos en febrero de 2020.

Si el mundo está sufriendo cambios paradigmáticos, para comprender esos cambios debemos responder a la pregunta ¿de dónde veníamos? Veníamos de un mundo que surgió a partir de la segunda mitad de la década de 1980 denominado VICA por sus siglas: volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad.

Un mundo volátil porque los fenómenos culturales, sociales, económicos e incluso naturales dejaron de llegar como tendencias de las que se podía prever llegada y comportamiento, para hacerlo a través de irrupciones que nos suelen tomar por sorpresa. Incierto porque no somos capaces de comprender hacia dónde vamos. Las herramientas clásicas de la teoría política, económica o sociológica se volvieron insuficientes. Cada vez más complejo, más difícil de gobernar y ambiguo, en el que ha surgido una crisis generalizada de identidad.

El mundo VICA fue creciendo durante más de treinta años, hasta que a finales del año 2019 la noticia de la aparición de un nuevo virus en la ciudad china de Wuhan cambiaría de forma radical la realidad. La pandemia Covid-19 transformó de fondo el mundo VICA para convertirlo en lo que Jamais Cascio, del Institute for the Future, en un influyente artículo de abril de 2021 denominó el mundo BANI, traducido al castellano como FANI por sus siglas: fragilidad, ansiedad, no linealidad e incomprensibilidad.

En el mundo FANI la vulnerabilidad, que es la capacidad de ser lastimado, se convirtió en fragilidad que es la falta de capacidad para superar la adversidad, lo que dificulta los escenarios de recuperación.

La incertidumbre derivó en ansiedad. De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado en octubre del año pasado el entorno de la pandemia provocó que uno de cada dos habitantes del planeta sufriera en distinto grado episodios de ansiedad y depresión, cifra nunca vista.

La complejidad evolucionó a la falta de lógica. La denominada no linealidad significa la desproporción entre causa efecto: cuesta comprender la aparición de una infección de tal magnitud en un mundo que suponía que el desafío del siglo XXI sería exclusivamente el tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas.

La ambigüedad rebasó las capacidades de control y gobierno convirtiéndose en incomprensibilidad, en la que existe una actitud generalizada de renuncia a asumir el proceso de construcción de futuro a largo plazo.

Los desafíos que impone el mundo FANI están relacionados con la capacidad de las personas para sobreponerse a las circunstancias. Los niveles de ansiedad y depresión concluyen en un importante deterioro de la fortaleza mental que es la que permite la recuperación frente a la adversidad.

Por ello, el mayor desafío en el mundo FANI es la recuperación de dos virtudes capaces de superar las condiciones actuales: la esperanza y la paciencia. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la esperanza como el “estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea”. Cuando lo que se desea se presenta como alcanzable la fortaleza mental crece, adquiere sentido.

Por otro lado, la paciencia es la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. La paciencia mantiene constante el estado de ánimo en el tránsito por periodos difíciles. Con razón decía Santa Teresa que “la paciencia todo lo alcanza”.

Esperanza y paciencia, los dos grandes remedios para transitar frente a ambientes adversos como el que representa el mundo FANI. Ya lo decía Robert Burton, escritor inglés del siglo XVII: “La esperanza y la paciencia son dos soberanos remedios para todo; son los más seguros y los más blandos cojines sobre los cuales podemos reclinarnos en la adversidad”.
 

Presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana-IPADE

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