Expertos en distintos temas han cuestionado algunas decisiones que ha tomado el presidente López Obrador. La respuesta hacia ellos ha sido más o menos la misma: esos expertos sirven a intereses oscuros, o bien han visto afectados sus intereses y privilegios por el nuevo régimen. Pero también hay otra explicación; dichos especialistas y técnicos en realidad no conocen la realidad, ni siquiera dentro de sus propios temas. Todólogos y sabelotodo, les llama sarcásticamente AMLO, cuando en realidad hacen puntualizaciones dentro de sus respectivos temas de especialización. Esas críticas se hacen a partir de razones, argumentos, relaciones causales probadas empírica e históricamente, por lo que si bien no hay verdades absolutas, hay probabilidades de que ciertas decisiones del gobierno actual generen efectos distintos de los que en principio se buscan. Ahí radica el debate, no tanto en la deseabilidad de las metas propuestas, sino en los medios aplicados para conseguirlas.

Pero AMLO descalifica a sus críticos como todólogos porque no hace distinciones entre ellos, y mete a todos en el mismo cajón: el de los conservadores, tecnócratas, privilegiados, etcétera. Por lo cual no percibe que quienes hacen tales críticas son distintas personas, organizaciones civiles e instituciones autónomas experimentadas en el tema del que están hablando. Para López Obrador todos son parte del Partido Conservador, y de ahí que le parezca que el mismo grupo habla de todos los temas por igual. Es que en su visión binaria, el que no está con su proyecto está contra él y punto, sin matices ni puntualizaciones.

Pero quien sí se presenta como un auténtico todólogo es justo López Obrador, pues él sí habla y conoce de todos los temas. Por eso no necesita escuchar a los demás.

Él conoce puntualmente la realidad, mientras que sus críticos levitan en una realidad alterna. Y es que esos críticos en realidad no tienen la fuente de la verdadera sabiduría, que no son los libros, las universidades —menos aún las extranjeras— o la propia experiencia profesional. No, así no se aprende. La genuina fuente de sabiduría es el pueblo, al que hay que oír con atención, recorriendo el país municipio por municipio. Gobernar no tiene mayor ciencia, es de sentido común depositado en el pueblo.

De esa forma no sólo se recoge lo que el verdadero pueblo requiere y exige —lo cual no está mal— sino que se obtiene el conocimiento de cómo funciona la realidad en todos los temas: lo mismo económicos, administrativos, legales, ecológicos, energéticos o sanitarios. Los expertos en cuestión se han pasado su vida leyendo libros, dando clases, encerrados en sus cubículos y oficinas, o bien en laboratorios, pero nunca recorriendo palmo a palmo el país.

¿Cómo van a conocer las relaciones causales, el vínculo entre medios y fines en los distintos temas que debe abordar un gobierno? Están lejos del pueblo, del campo, luego están enajenados, ajenos a la realidad. En cambio AMLO ha pasado su vida haciendo justo eso; recorriendo todos los rincones del país, en contacto con el pueblo, y por eso ha adquirido una profunda sabiduría en todos los temas. ¿Qué le vienen a cuestionar esos sabelotodos que en realidad son sabelonadas, porque no abrevan del verdadero y genuino pueblo?

No tiene pues oídos ni para los expertos de fuera del gobierno, ni para los de adentro (que si lo reconvienen, se convierten en neoliberales). Y si las cosas no salen conforme a su voluntad, los responsables serán todos los demás: empresarios, opositores, organizaciones civiles, calificadoras, instituciones autónomas y desde luego la prensa golpista, ninguno de los cuales conoce al pueblo, sino que viven en su torre de marfil.

Profesor afiliado del CIDE. @JACrespo1

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