Mitología histórica e independencia

José Antonio Crespo

Los gobiernos suelen hacer uso político de la historia para favorecer su propia causa. López Obrador no es la excepción, pero se distingue en haber llevado dicho manejo al extremo y de manera burda. Desde decretar su movimiento como equivalente a las tres grandes épicas históricas, hasta compararse permanentemente con los héroes de la historia oficial y ubicar a todos sus críticos y disidentes junto a los villanos. Él se autoubica en un lugar semejante al de Hidalgo, Morelos, Juárez y Madero frente a sus enemigos, por perseguir causas patrióticas y pensar en el pueblo. El día del Grito leyó las diversas maldiciones que le espetaban a Hidalgo sus enemigos, sin recordar que el Cura mandó matar a civiles españoles, mujeres y niños, a quienes se les había ofrecido garantías y salvoconductos. Enviaba a su sicario, el torero Marroquín, a asesinarlos durante las noches sin juicio de por medio, pues como él aclaró después, sabía que eran inocentes. Al grado en el cual la esposa de Mariano Abasolo escribió a su esposo, animándolo a abandonar el movimiento y exiliarse en Estados Unidos: “Con semejantes iniquidades de degollar a sangre fría a muchos inocentes, ¿cómo Dios ha de proteger?”. Y Carlos María Bustamante, insurgente y posterior apologista de esa causa, reconoció: “Infeliz  América mexicana, que tenía tales verdugos como defensores de su causa”. Eso no enseña la historia oficial, por lo cual millones de mexicanos desconocen esa oscura faceta del cura insurgente.

A Agustín de Iturbide se le regatea mérito alguno por pertenecer a las élites criollas, además de combatir la insurgencia – derrotando a Morelos de manera definitiva-. Pero él aterrizó la Independencia cuando ya estaba prácticamente derrotada la insurgencia. El propio Guerrero escribía en 1820: “Los cabecillas que hemos quedado en el día, somos pocos”. Ese año, criollos y españoles de la Nueva España decidieron separarse de la metrópoli, pues allá ocurrió un golpe de Estado liberal que entronaba la Constitución liberal de Cádiz, lo que perjudicaría los intereses de las élites novohispanas.

Ya de tiempo atrás algunos veían en Iturbide al oficial que podría consumar la independencia, pese a su filiación realista. El Obispo Abad y Queipo escribió al Virrey: "... de aquél joven... no sería extraño que andando el tiempo... fuera él mismo... el que hubiese de efectuar la Independencia de su patria". Igualmente, Félix Calleja, al retornar a España, advirtió que "la única persona capaz de separar este país de España es Agustín de Iturbide". No estaban errados el Obispo ni Calleja.

Incluso Guerrero escribió que para conseguir la independencia valía la pena aliarse a los realistas descontentos con la nueva situación en España, y ofreció ese acuerdo a varios oficiales realistas. Pero los conjurados de la Profesa, en 1820, eligieron a Iturbide para esa misión. Éste, a su vez, vio conveniente pactar con lo que quedaba de los insurgentes y propuso a Guerrero el “abrazo de Acatempan”. Vicente le respondió: “Nada es más compatible con su deber que el salvar la patria, ni tiene otra obligación más forzosa”. Una vez coronado Iturbide, Guerrero lo celebró con sus cercanos y le envió una carta al nuevo Emperador: “Nada faltó a nuestro regocijo sino la presencia de Vuestra Majestad Imperial, y sólo resta echarme a sus imperiales plantas y tener el honor de besar su mano. Pero no será muy tarde cuando logre esta satisfacción, si Vuestra Majestad lo permite”. El oportunismo es tentación permanente en los políticos, aún si son héroes. Iturbide fue después combatido por los liberales y expulsado en 1822 bajo acusación de traición a la Patria. Entonces se le llamó “Calígula”, “traidor”, e incluso “caníbal”. Al regresar en 1824 fue fusilado. En 1838 se reivindicó su figura, para pasar después a un nuevo desprecio histórico. En 1910, sus restos fueron trasladados a la columna de la Independencia, pero en la ceremonia respectiva ni siquiera fue mencionado su nombre. No recuerdo que algún presidente lo haya mencionado en algún Grito. Ni siquiera lo hizo el “conservador” Maximiliano -que era bastante liberal- en su Grito de 1864.
 

Profesor afiliado del CIDE.
@JACrespo1

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