El “pueblo” contra el INE

José Antonio Crespo
Nación 15/11/2021 02:57 Actualizada 03:00
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Básicamente, la confrontación entre el IFE-INE y López Obrador empezó en 2003-2006, cuando tanto el PRI como el PAN dejaron al PRD fuera de la conformación del Consejo General, y después vinieron las inciertas y controvertidas elecciones de 2006, en que muchas decisiones del INE y el TEPJF fueron inadecuadas (como no ordenar la apertura de tantos paquetes como fuera posible legalmente: 64%, lo cual le mereció al INE un regaño del TEPJF, pero éste no lo corrigió pudiendo hacerlo). Las cosas cambiaron a partir de ahí; hubo renuncia anticipada de varios consejeros, cambios en la ley electoral de acuerdo a exigencias del PRD, reintegración de ese partido en la composición del Consejo General. Pero nada. AMLO no olvida, y no sólo a nivel de personas sino de instituciones.

A lo cual se suma que, más allá del IFE, le molesta todo lo que suene a autonomía (Inai, TEPJF, CNDH, INEE, Cofece, SCJN, movimientos sociales, etcétera). No está en su mapa centralizador-bolivariano, que exige tanta concentración de poder como sea posible para realizar la gesta histórica que retóricamente pretende (tal como se dice con todas sus letras en el Foro de Sao Paulo). Así que, aunque en 2018 haya ganado AMLO, tenía que darse la surreal situación en la que el triunfador de la contienda la emprende contra el árbitro y los perdedores salen en su defensa. Cada decisión del INE que contraviene a Morena es tomada como un ataque, aunque muchas otras resoluciones afecten también a otros partidos; pero en la visión en blanco y negro esas últimas no se toman en cuenta. La guerra, pues, estaba declarada al menos desde 2003.

Parte del absurdo mexicano, es que operadores de los fraudes contra la izquierda son premiados con reconocimientos y cargos por la propia izquierda (Bartlett, Germán Martínez y Manuel Espino). Dice también Morena que el INE orquestó en 2018 un magno fraude (no el PRI, no el PAN, sino el INE), pero que no alcanzó para arrebatarle el triunfo a su líder histórico. ¿Alguna prueba? Ninguna. Recuerdan las cajas vacías de Noroña y Sheinbaum en 2006.

Queriendo exhibir y acorralar la bancada de Morena a Lorenzo Córdova en el Congreso, las cosas le resultaron a la inversa; a una horda de buscapleitos sin respeto ni civilidad alguna, insultando y calumniando al presidente del INE, éste respondió con civilidad, serenidad y respeto. Argumentando además con la ley en la mano, lo que dejó en claro que los legisladores desconocen por completo la ley electoral. Obviamente las cosas no podían quedar ahí; la venganza de Morena será reducir 5 mil millones de pesos al presupuesto, más de lo que costará la consulta del refrendo presidencial (pues no es revocación, contrariamente a lo estipulado por la Constitución). A todas luces se ve como una trampa; te obligo constitucionalmente a una tarea meticulosa, pero no te doy un centavo para cumplirla. El culpable del fracaso serás tú. El INE probablemente acudirá a la Corte para exigir los recursos que le permitan cumplir cabalmente. A ver qué responde la Suprema. De no darle la razón, el INE podría no hacer la consulta; nadie está obligado a hacer lo imposible. La solución sería una encuesta nacional fidedigna y oficial, preguntando al pueblo si quiere dicha consulta y ahorrarnos 4 mil mdp que hacen falta para, por ejemplo, medicamentos (de los que siempre sí había desabasto). Hay varios sondeos donde gana la segunda opción de calle. Nos ahorraríamos muchos recursos en el gobierno “más austero” de nuestra historia. Al fin que el pueblo manda, ¿no?

Pero el embate contra el INE sigue en marcha, y continuará con la reforma electoral que, de ser exitosa, nos regresará 30 años atrás. Y es que, como habíamos dicho desde el inicio de este gobierno, en la medida en que las cosas no le salgan al presidente, su mente se alterará cada vez más y empezará a dar palos de ciego, sin dejar títere con cabeza. Los moderados del gobierno tenderán a salir, o se plegarán como floreros o bien serán sustituidos por radicales (tipo Pablo Gómez). Tendremos pues no sólo una segunda mitad mucho más agitada, sino probablemente con resultados deplorables para el gobierno, pero también para todo el país.
 

Profesor afiliado del CIDE.
@JACrespo1