Al diablo su autonomía

José Antonio Crespo

Ya en ocasiones anteriores el presidente había señalado su deseo de desaparecer a cuantas instituciones autónomas le sea posible, y trasladar al gobierno esas funciones. Desde siempre se pudo detectar que dichas instituciones, al igual que los organismos cívicos que él no controla, le representan un estorbo. En su diccionario no existen las palabras autonomía, imparcialidad, neutralidad, distancia, apartidismo (son conceptos neoliberales). Muy claro ha dicho que quien no está con él está contra él, precepto ‘democrático’ por excelencia.

No puede haber entonces analistas que critiquen a todos los partidos, por ejemplo. No, quien a él lo critica es “intelectual orgánico” del PRIAN, y de las minorías rapaces. Los organismos cívicos que lo cuestionen (por cualquier tema) igualmente pretenden seguirse sirviendo de la corrupción. Y desde luego, las instituciones autónomas de Estado y los órganos de control gubernamental, al haber surgido en la era neoliberal (que se correspondió con el esfuerzo democratizador), sólo sirven a las mafias políticas y empresariales, y todo lo que hacen y dicen es para meter el pie al proyecto de redención nacional que él encabeza. Cabe por tanto controlarlas o mejor aún, eliminarlas y sus funciones trasladarlas al gobierno.

¿Para qué una Comisión de Derechos Humanos (ya bajo control) si ahí está la subsecretaría de Gobernación? ¿Para qué un Instituto de Transparencia, o una Auditoría Superior de la Federación, si ahí tenemos a la Secretaría de la Función Pública? Y ahora más recientemente, para qué un costoso INE si podría ir al Poder Judicial (algo absurdo), o en su defecto a Gobernación, que ejemplarmente conducía las elecciones hasta que los neoliberales le quitaron dicha función para consolidar su autoritarismo. Y hasta ahora no había oído yo queja o reclamo alguno de AMLO al TEPJF, pues desde que ganó había fallado a su favor en casi todo. Al parecer, hubo en ese Tribunal una agitación que hizo que varios ministros decidieran recobrar la autonomía, la dignidad y la credibilidad de su institución. Lo cual ayudará a mantener la actual elección dentro de cauces más creíbles y equitativos. Pero eso implicará el costo de ser, ahora sí, ubicado con los traidores históricos de la Patria, los conservadores y los golpistas que quieren quitar a Morena su mayoría calificada.

Se podría suponer que esa reacción del presidente, y su amenaza de desaparecer todo lo que le estorba, es coyuntural. Sabemos que no tolera ninguna objeción, y ni siquiera sugerencias de sus colaboradores. Mucho menos tolera que instancias que no controla le enmienden la página o le estorben en su proyecto de concentrar todo el poder en su persona. La amenaza actual puede responder a un berrinche, y finalmente quedar en eso. Además, hay también complicaciones jurídicas para lograr fácilmente su propósito de deshacerse de toda autonomía y división de poderes. Pero no me queda duda de que el deseo y la intención de eso la tiene arraigada, y no se descarta que al menos lo intente seriamente, hasta dónde pueda llegar.

Pero no es nuevo ni coyuntural; es parte del libreto del bolivariano Foro de Sao Paulo, al que Morena pertenece. En sus documentos se prescribe que: “No debemos olvidar que las instituciones de la democracia funcional a los grupos de poder y al imperio en la mayoría de nuestros países, han sido construidas para limitar el ejercicio de los derechos democráticos de las mayorías en función del interés de las oligarquías locales”. Y agrega que “el control del poder político del Estado… Aparece como una propuesta y una experiencia en marcha, encaminada a superar la democracia liberal burguesa, punto de partida de nuestras transformaciones”. No es pues un mero capricho o berrinche temporal, sino un plan largamente acariciado y es momento de intentar llevarlo a cabo, pues no queda mucho tiempo para ello.

 

Profesor afiliado del CIDE.
@JACrespo1
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