Puede parecer prematuro hablar del 2024 , cuando apenas enfrentamos la elección intermedia . Pero bien sabemos que lo que termine ocurriendo en aquella fecha se habrá fraguado desde tiempo antes. Al futurismo da pie el anuncio de Ricardo Anaya de que se apunta para la próxima elección presidencial. ¿Demasiado pronto? El primer impulso es pensar que sí, pero yo por el contrario creo que es lo que más le conviene. Aquella regla fideliana de que “el que se mueve, no sale”, hace tiempo que dejó de operar para dar paso a la contraria; “quien se mueve, sí sale”, o al menos tiene más probabilidades. Con Vicente Fox se inauguró la nueva modalidad. Anunció su intención de ser candidato presidencial el mismo día de la elección intermedia. Más tarde, Calderón se movió anticipadamente y fue el candidato blanquiazul, pese a no ser el favorito de Fox (quien se molestó justo porque se movió desde antes). Y a Calderón le pasó lo mismo; quien se movió primero dentro del PAN fue Josefina Vázquez, que derrotó al favorito presidencial. Por su lado, Peña Nieto levantó la mano desde que llegó a la gubernatura del Estado de México, y desde ahí construyó su sólida candidatura.

Que Anaya empiece desde ahora puede brindarle una ventaja por encima de quienes, desde la oposición, se apunten más tarde. Pero eso depende de lo que haga. Además de recorrer al país, le sería bueno tener también mayor presencia en los medios, aprovechando el vacío de liderazgo que hay en la oposición; por ejemplo, una especie de “contramañanera” semanal, en la que podría ubicarse como el interlocutor político de AMLO en este mismo proceso. Eso podría ayudar indirectamente a la coalición opositora, pero también a su propia causa. Su condición de precandidato declarado ayuda a atraer los reflectores.

Y en el lado de Morena las patadas por debajo de la mesa están a la orden del día, y no sólo por las candidaturas para este proceso (en el que se esconde también el 2024). Ebrard ha ganado muchos puntos por el buen desempeño al servicio de su jefe. Pero eso no garantiza que será el favorito de AMLO, quien incluso de no buscar la reelección, seguramente querrá instaurar un maximato. Y la personalidad de Ebrard no coincide con ese perfil. Como es natural, él hace lo que de acuerdo al manual conviene para posicionarse como el candidato de su partido. Pero no tiene garantía de que lo será. Más aún, aunque lo fuera eso tampoco implicaría su triunfo en el 2024, cuando quién sabe cómo estará la imagen de su partido, si los resultados finales no sean precisamente de aplaudir (como todo parece indicar). Hay otra desventaja; a Marcelo le tocará lidiar con Estados Unidos en lo que podría ser una confrontación diplomática y retórica (que AMLO niega, pero la busca). Y nunca está de más el visto bueno de ese país en una contienda presidencial.

Por lo cual, no puede descartarse el escenario de que, si Marcelo calcula que no será el candidato de Morena, o percibe que eso mismo ya no le garantiza nada, podría romper con el gobierno y buscar apoyos entre los disidentes, críticos y decepcionados con el actual gobierno. Muchos de ellos no ven tan mal a Ebrard, por considerarlo más aterrizado, más racional, más sensato que su jefe. Si para entonces no se ha consolidado una figura opositora convincente, y por tanto pueda aglutinar a las diversas oposiciones y grupos inconformes, Marcelo podría intentar ocupar ese espacio. En tal caso ya no tendría nada que perder, pues probablemente ésta será su última oportunidad para contender seriamente por la presidencia. Por lo cual, podría considerar romper con su partido y convocar a los descontentos con AMLO. Este es desde luego un escenario de los muchos posibles de aquí al 2024. Pero no puede descartarse del todo, al menos yo no.

Profesor afiliado del CIDE. 
@JACrespo1 

Google News

TEMAS RELACIONADOS