Un largo camino de honor (II)

Jorge Nuño Jiménez

A Luis Echeverría Álvarez, en el centenario de su natalicio. 

En este artículo le rindo un merecido homenaje al Lic. Echeverría a quien acompañé los últimos 50 años de mi vida. Si volviera a nacer lo volvería a servir, así de fácil así de sencillo. 

Fui testigo y participante de los trabajos para la aprobación de la Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados, con la cual México engrandeció su soberanía con la ampliación de su mar patrimonial: “La Zona Económica Exclusiva” (200 millas náuticas), adicionando el artículo 27 constitucional el 6 de febrero de 1976, aumentando nuestro espacio soberano en 3.5 millones de km², que sumado al continente serian 5 millones 114 mil km².  

Gracias a lo anterior México pudo explotar para su beneficio enormes yacimientos petroleros, de no haberlo hecho, a 12 millas náuticas, hubiésemos estado rodeados de compañías extranjeras explotando nuestro petróleo y riquezas marinas.   

En este documento trabajaron personalidades de gran prestigio, como: Don Alfonso García Robles (Premio Nobel de la Paz). 

Fue un gran acierto la aprobación de la “Carta para la Paz y el Desarrollo”. 

Es una necesidad imperiosa actual, reformar el sistema económico internacional, con justicia y equidad, ante el resquebrajamiento de la cooperación internacional. 

En plena Guerra Fría, la ONU propuso un programa para la paz, la seguridad y la justicia, fundada en el respeto al derecho ajeno. Proclamó en aquella época el “decenio para el desarrollo”, para la creación de un “Nuevo Orden Económico Internacional”. De este se desprendió la discusión, redacción y aprobación de la “Carta”. México se sumó activamente a los trabajos, al lado de países de Asia, África, América Latina, lo cual aumentó su prestigio mundial.  

Este importante documento fue aprobado, en Sesión solemne de la Asamblea General por abrumadora mayoría el 12 de diciembre de 1974, hace casi 50 años. Esta “Carta” para la paz y la justicia sigue vigente, porque preconiza: la libre disposición de los recursos naturales de cada país; el respeto irrestricto al derecho de cada pueblo para adoptar la estructura económica que le convenga, sujetar a la propiedad privada a las modalidades que dicte el interés público, renuncia a la amenaza y presiones económicas que puedan vulnerar la soberanía de los estados, supeditar al capital extranjero a las leyes de cada país, prohibición a las corporaciones transnacionales de intervención en asuntos de los estados; abolición de prácticas comerciales discriminatorias; garantía de estabilidad y precio justo a los productos básicos, transferencia de tecnología y avances científicos a países pobres, mayores recursos de financiamiento al desarrollo, con plazos largos y con tasas de interés sin ataduras. 
La aprobación de la Carta fue un éxito de la diplomacia mexicana, cargada de futuro, pensando en el establecimiento de un Orden Económico más justo y equitativo, que terminara con los desequilibrios entre países ricos y pobres, mayor financiamiento para el desarrollo. 

Actualmente contemplamos un mundo sombrío y a la deriva, con efectos perniciosos de la pandemia del Covid-19, la recuperación no será fácil, será necesario el impulso de la comunidad internacional inspirada en un NUEVO ORDEN ECONÓMICO INTERNACIONAL, abandonando la tentación de confrontación entre potencias, este no es momento de la guerra, en el momento de la paz. La paz con otro nombre: el desarrollo. 

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