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“Nuestra América”, de la Conquista a la esclavitud

Jorge Nuño Jiménez

A Hipólita y Dionisio,
esclavos libertos,
compañeros de Simón Bolívar.

Continuando con la “Conquista de América”, analizo ahora la vergonzosa explotación de seres humanos que a golpe de latigazos fueron tratados como cuadrúpedos, semovientes, bestias, simples cosas, sin ningún derecho y “desposeídos de razón”.

1518 es la referencia documentada más antigua de población africana transportada a América. El último cargamento de esta salvaje explotación del hombre por el hombre data de abril de 1873 a Cuba.

Fueron 355 años de comercio de esclavos africanos, llegando al continente casi 10 millones, para explotarlos en las plantaciones de azúcar, café, tabaco, algodón, arroz y minería.

En 1551, Bartolomé de las Casas presentó ante el rey Carlos V en Valladolid su “brevísima relación de la destrucción de las indias”. Resumen de agravios y abusos sufridos por los naturales de la Nueva España. El “derecho de la conquista” fue cruel, causando alarma en las mentes humanistas del Renacimiento. Se demostró cabalmente que estos seres estaban “dotados de razón y capacidad para administrar sus bienes”, debiendo ser considerado súbditos de la corona, protegiéndolos y “cristianizándolos con suavidad”, la crucial polémica sobre la “condición humana o no del hombre originario de América” se opuso a las tesis Jus naturalista del Doctor Fray Juan Ginés de Sepúlveda.

¿Por cuánto tiempo hubiesen quedado los habitantes de este “nuevo mundo” en situación de simples primates, homínidos sometidos a la esclavitud? El objetivo era legitimar las guerras de conquista sometiendo a los “indios idólatras” a la esclavitud declarándolos desprovistos de razón.

Fue una querella jurídico-teológica cargada de futuro, se trataba de reconocer o no, la condición de “Derechos Humanos” de quienes poblaban el territorio de América. La tesis del Dr. Sepúlveda sobre “la servidumbre natural de los pueblos bárbaros”, estaba inspirada en la tesis aristotélica donde el fuerte debía dominar al débil. Bartolomé de las Casas opondría su pensamiento inspirado en la tesis de San Agustín sobre “el libre albedrío”, influida también por Fray Francisco de Vitoria, preconizando que el hombre nace libre e igual.

Este triunfo sobre la condición humana y dignidad entre todos los hombres sin importar sus orígenes y culturas surge en el siglo XVI. El “Humanismo Americano”, sería el mayor logro para la comunidad de naciones en la América española.
La controversia de Valladolid estuvo inspirada en el futuro, “madre legítima de un nuevo derecho”, esto influiría poderosamente en el siglo XVIII durante la Revolución Francesa (Los Derechos del Hombre y del Ciudadano), y en 1948 con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, consagrados por la Organización de las Naciones Unidas, cuyo artículo primero establece:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deberán respetarse fraternalmente los unos con los otros”.

“Nuestra América” con toda su negritud e indigenismo, es heredera de esta historia, aquí se gestaron los principios de la libertad del hombre, oponiendo a la opresión el derecho a la revolución, exigiendo el respeto a la “potestad de la persona”.

Memoria del Coloquio: “Negritud e Indigenismo en América” organizado por el CEESTEM en la UNESCO París, febrero de 1979, con la presencia del director Amadou-Mahtar  M’Bow, Arturo Uslar Pietri, Leopoldo Zea y Julius Nyerere, presidente de Tanzania.

Director del CEESTEM

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