Epopeya de los Niños Héroes. (Ejemplo para la juventud actual)

Jorge Nuño Jiménez

Las fiestas patrias son necesarias y útiles, los pueblos tienen necesidad de amar algo grande, festejar algo sensible, su conciencia y creencias fundamentales, que no son otra cosa que las de su propio terruño.

Para conmemorar el 174 aniversario de la gesta heroica de los niños héroes de Chapultepec, en el altar de la patria tuvo lugar ayer, una de las más importantes ceremonias, fue encabezada por los tres poderes de unión, el Presidente de la República, Andrés Manuel Lopez Obrador, el Secretario de la Defensa Gral. Luis Cresencio Sandoval, y de la Marina José Rafael Ojeda, así como representantes del Congreso y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Con esta ceremonia da inicio una serie de eventos conmemorativos que resaltan nuestra identidad como mexicanos, como fue el inicio de la lucha por la Independencia Nacional, y la consumación el 27 de septiembre, hace 200 años, con la entrada triunfal a la Ciudad de México del Ejército Trigarante encabezado por Don Vicente Guerrero verdadero consumador de la Independencia.

La historia y la epopeya coinciden para consolidar los símbolos nacionales, y sin duda son Niños Héroes que defendieron heroicamente el Castillo de Chapultepec, ejemplo más acabado de una juventud amante de la patria, de un México orgulloso de su pasado histórico que no debemos olvidar.

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México vivió un ejemplo de singular heroísmo, aquel 13 de septiembre de 1847. Recordando el asalto al Molino de Rey y Casa Mata. Que constituyen no el epílogo sino el prólogo del heroísmo que hoy forma parte de nuestro calendario cívico, en el cual se exaltan en los más altos niveles a los niños héroes de Chapultepec, ejemplo para la juventud actual.

Con responsabilidad ante la patria, su conducta es admirada por todo el mundo. La heroica jornada anteriormente mencionada nos revela las profundas raíces y sentimientos de un alto concepto del honor, lealtad y sacrificio de la vida que traza el camino de una de las más nobles tradiciones que se guardan y observan celosamente en la memoria del Colegio Militar.

Esta epopeya es más que la historia, es un legado a las generaciones futuras, porque integran el verdadero evangelio de la patria que todo buen ciudadano tiene la obligación de defender.

Los ahuehuetes milenarios de Chapultepec, que nacieron cuando todavía este rincón de patria se llamaba Tenochtitlán, contemplaron con sus teocalis y canales la llegada de espíritus aventureros que construyeron con el paso del tiempo el virreinato hasta el amanecer insurgente, y el alba de la independencia con los padres de la patria como Hidalgo, Allende, Morelos y Vicente Guerrero entre otros, soñaron con una patria libre y soberana, lanzando al basurero de la historia el yugo que nos oprimía y no nos permitía el más caro anhelo: una patria digna y el valor supremo: la soberanía nacional.

En esta ocasión subrayó la conducta de los Cadetes de Chapultepec, que la historia los ha bautizado como los Niños Héroes, que quedaron inmortalizados en las seis columnas de mármol que se prolongan hasta el infinito en el cielo y en lo más profundo de la tierra por sus valores del espíritu por haber hundido en la conciencia popular, que son, la expresión más acabada de nuestra nacionalidad, por su sacrificio supremo, al Teniente Juan de la Barrera y los alumnos Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, Vicente Suárez y Juan Escutia.

Debemos mencionar en honor a la justicia que hubo otros alumnos heridos como: Pablo Banuet, Andrés Mellado, Hilario Pérez de León y Agustín Romero quienes son poco mencionados en los textos de la historia.

El Castillo de Chapultepec estaba al mando del General Nicolás Bravo, antiguo insurgente. La tropa americana se abalanzó arrolladoramente, aunque los defensores se mantuvieron en sus parapetos bravamente, la resistencia la opusieron ejemplarmente los alumnos del Colegio Militar quienes, a pesar de su corta edad, algunos casi eran niños, lucharon con gallardía y firmeza.

La heroica resistencia presentada por el General Nicolás Bravo y los patriotas a su mando, contaron con la ayuda eficaz del Coronel Santiago Xicoténcatl, quien desde mi punto de vista debe ser considerado el héroe epónimo de esta memorable jornada como quedó plasmado en los anales y las páginas de la historia, uno de los cadetes envolviéndose en el lábaro patrio, se arroja al vacío, antes que los invasores ultrajaron y pisotearon nuestra insignia nacional.

La historia ha dictado ya su veredicto sobre estos tristes y lamentables acontecimientos, me atrevo asegurara que no se puede decir que México fue derrotado: porque las armas invasoras cometieron un asesinato y un verdadero latrocinio, masacrando a niños orgullosos de su patria, a quienes no se les perdonó la vida, ya que era preferible la moderación en lugar de la venganza respetando las leyes de la guerra, de elegir el dialogo propio del ser humano, frente al abuso de la fuerza que es propio de los animales (Cicerón), esta guerra no era justa, no se respetaron las normas sagradas del derecho fecial del principio latino: que las quejas sean expresadas de forma solemne y que la guerra sea el último de los recursos.

Sin lugar a duda fueron héroes estos jóvenes por varias razones, en primer lugar, porque no tenían obligación de permanecer en el Castillo por la condición de Cadetes, decidieron quedarse voluntariamente, con escasas provisiones y pertrechos militares resistieron el bombardeo de más de un día bajo el fuego de la artillería enemiga, que hizo cimbrar Chapultepec entero, pero ante las circunstancias, la edad no importaba, lo importante era la patria.

Como alumno del heroico colegio militar me siento orgulloso de este ejemplo singular el cual he compartido con mis hijos, debemos entender la lección de unir a la Nación ante los ataques del exterior y la ofensiva de un enemigo interno que siempre acecha, así como de traidores o caballos de Troya que siempre están listos para unirse al enemigo.

Por todo lo anterior, debemos aprender con claridad el símbolo del valor, del coraje y la dignidad, del Coronel Santiago Xicoténcatl y de los seis Cadetes de Chapultepec por su noble gesto que iluminan la conciencia de una nación entera, y se han constituido en símbolos o íconos de honradez, de pureza y de patriotismo.

Hoy vivimos tiempos de peligros, confusión, agresiones perversas que tratan de vulnerar nuestra cohesión y soberanía nacional. Ante esto debemos elevar el principio juarista: “Entre los hombres como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Como en la Grecia clásica en la Batalla de las Termópilas, 300 soldados espartanos murieron por cumplir con sus deberes y conciencia, escribieron con sangre su mensaje.

Hoy deberíamos escribir con letras de oro en nuestros corazones el siguiente mensaje: Mexicano, ve e infórmale a la patria que aquí murieron 6 jóvenes cadetes para salvar el honor, orgullo y dignidad nacional.

La patria es primero, inspirémonos en estos ejemplos de grandeza la unidad de la nación, la cual es más grande que nuestros problemas.

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