Los derechos culturales en México y la cocina tradicional no solo se tocan: se abrazan, se sostienen y se legitiman mutuamente. Cuando los miras, se vuelven un mapa de memoria, identidad y soberanía simbólica.
En México, los derechos culturales están reconocidos en la Constitución (art. 4º) y en leyes como la Ley General de Cultura y Derechos Culturales. En esencia, garantizan que todas las personas y comunidades puedan:
Acceder a la cultura, participar en la vida cultural, crear y transmitir expresiones culturales, proteger su patrimonio material e inmaterial y decidir sobre el uso, representación y continuidad de sus prácticas culturales
Estos derechos no son abstractos: son herramientas para que los pueblos mantengan vivas sus formas de entender el mundo.
Ahora, la cocina tradicional mexicana fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010. Pero más allá del título, lo que se reconoce es un sistema cultural completo.
Es decir, técnicas ancestrales (nixtamalización, molienda, cocción en comal), utensilios rituales (metate, molcajete, comal), saberes transmitidos por mujeres, abuelas, cocineras tradicionales, la relación con la tierra, el maíz, el agua, el fuego. También representa un reconocimiento a la organización comunitaria alrededor de fiestas, ofrendas, mercados y milpas
La cocina tradicional no es solo comida: es identidad, memoria, territorio y afecto.
¿Cómo se relacionan los derechos culturales con la cocina tradicional?
La relación es profunda y política:
Los derechos culturales permiten que las comunidades reclamen la cocina tradicional como parte de su herencia viva. Esto evita que sea apropiada, borrada o mercantilizada sin reconocimiento.
Las cocineras tradicionales ejercen su derecho a decidir cómo, cuándo y con quién comparten sus conocimientos. La cocina se vuelve un acto de soberanía.
El derecho a la cultura incluye el derecho a enseñar y aprender. La cocina tradicional se transmite como un legado afectivo y político.
Los derechos culturales obligan al Estado a generar programas que protejan ingredientes nativos, técnicas y oficios culinarios.
La cocina tradicional es una de las expresiones más potentes de la diversidad cultural mexicana. Los derechos culturales garantizan que esta diversidad no sea homogeneizada.
Ahora, la cocina tradicional es también un acto ceremonial: se nombra, honra, transmite,
Comparte y protege.
Es un territorio donde los derechos culturales se vuelven cotidianos: en el metate, en el maíz, en la olla de barro, en la palabra de la abuela.
El corazón de lo que sostiene a un país más allá de sus leyes: su memoria, diversidad y capacidad de imaginar futuro. Impulsar los derechos culturales no es un gesto decorativo sino una estrategia profunda de desarrollo, cohesión y dignidad colectiva.
Los derechos culturales son la garantía de que cada persona y cada comunidad pueda ser, nombrarse, crear, transmitir y defender su identidad. Cuando un país protege estos derechos reconoce que la cultura no es un lujo, sino un bien común y evita que las expresiones culturales sean borradas, apropiadas o mercantilizadas sin consentimiento.
Rector del Colegio Jurista

