La detención de un general: el viejo sueño de la DEA

Jorge Luis Sierra

La detención de un exsecretario de la Defensa Nacional mexicano es el cumplimento de un viejo sueño histórico de la Agencia Antidrogas Estadounidense, al menos desde que el agente Enrique Camarena Salazar fue secuestrado, torturado, y luego asesinado por un grupo de narcotraficantes mexicanos en 1985.

Los secuestradores torturaron a Camarena para saber qué tanto sabía el agente de la DEA sobre los funcionarios públicos involucrados con el narcotráfico. La sospecha de los agentes antinarcóticos estadounidenses, nunca confirmada, fue que los interrogadores querían saber si Estados Unidos sabía algo sobre el presunto involucramiento del general de división Juan Arévalo Gardoqui, entonces secretario de la Defensa, con el cártel de Guadalajara.

Tres años después del asesinato de Camarena, un agente de la DEA presentó un testimonio ante una corte federal de Arizona y declaró que fuentes del gobierno mexicano sostenían que Rafael Caro Quintero le había dado al general Arevalo la cantidad de diez millones de dólares para proteger sus enormes plantíos de marihuana en Chihuahua. Según su propio jefe, la DEA nunca obtuvo evidencia para respaldar esas afirmaciones, pero de cualquier manera, la agencia estadounidense había sembrado la duda sobre la honestidad de los líderes militares mexicanos.

El general Arévalo Gardoqui nunca fue acusado formalmente, pero las investigaciones de la DEA sobre la corrupción militar mexicana no se quedaron ahí. Por el contrario, fueron profundizadas. En 1997, el New York Times publicó que un informe de la DEA entregado a la procuradora Janet Reno reportaba reuniones de oficiales militares mexicanos con Amado Carrillo Fuentes, entonces líder del Cártel de Juárez. El reportaje del corresponsal del New York Times en México, Tim Golden, no mencionó los nombres de los oficiales militares mexicanos.

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Hasta este momento, no había existido ninguna referencia sobre algún vínculo del general Salvador Cienfuegos con el narcotráfico. Por el contrario, al ser nombrado Secretario de la Defensa Nacional en 2013, el general Cienfuegos gozaba de una alta reputación como uno de los líderes militares mexicanos con la mayor ascendencia en las filas de las Fuerzas Armadas por sus aportaciones doctrinarias a la seguridad nacional y su énfasis en la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil.

En 2012, luego de que Enrique Peña Nieto había ganado las elecciones, comenzó a correr en Washington la versión de que uno de los oficiales que se habían reunido con Amado Carrillo Fuentes en 1977, según el informe de la DEA entregado a Janet Reno, ya había ascendido a general de división y quería convertirse en el Secretario de la Defensa Nacional. Una nota publicada a principios de 2013 por el New York Times, decía que ese general era Moises Augusto García Ochoa, ex director de Administración de la Defensa Nacional en la administración del presidente Felipe Calderón.

La nota del Times afirmaba que el gobierno de Estados Unidos logró que el general García Ochoa no quedara finalmente como secretario de la Defensa. Sin embargo, el general Cienfuegos, haciendo caso omiso de las advertencias del New York Times, nombró a García Ochoa como comandante de la XI Región Militar con sede en Torreón, Coahuila.

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García Ochoa pasó a retiro a principios de abril de 2016 como comandante de la II Región Militar con sede en Baja California, cuando el general Cienfuegos aún era secretario de la Defensa. Una nota del semanario Zeta afirmó que tras el retiro, el general García regresó a la ciudad de México.

En tanto, Cienfuegos, ahora se encuentra detenido en Estados Unidos. Hasta el momento es difícil saber cuál es la acusación en su contra hasta que no se presente una acusación formal en una corte estadounidense. Lo único cierto es que la DEA cumplió un viejo sueño: arrestar a un ex secretario de la Defensa Nacional y exhibirlo, así sea sin las evidencias requeridas, como un militar ligado al narcotráfico.
 

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