Sabemos que este es un gobierno chapucero. El AIFA, Dos Bocas, el Tren Maya, Pemex, la CFE, un sistema de salud sin medicinas ni vacunas… la lista de obras, proyectos y políticas fallidas es cada día más larga. Pero ahora ha quedado en evidencia que la ineptitud del gobierno no solo genera daño patrimonial, sino que también causa muerte. Primero fue la explosión de Tlahuelilpan. Siguió la pandemia con uno de los excesos de mortalidad más altos en el mundo como resultado de una estrategia, por llamarla generosamente, “heterodoxa”. Se sumaron los niños sin quimioterapias, la caída de la Línea 12 del Metro, el IMSS Tula, el hospital de Pemex en Tabasco. Ahora nos enfrentamos al incendio que ha cobrado la vida de 40 migrantes en un centro de detención en Ciudad Juárez.

El origen de este crimen se remonta a la indigna aceptación de la 4T de hacer el trabajo sucio de EU en materia de contención migratoria. La narrativa del gobierno ha sido subrayar, con orgullo, que la negociación fue muy exitosa en la medida en que México no aceptó ser un tercer país seguro. En los hechos, México ha actuado como si fuera un tercer país (in)seguro, pero sin ninguna contraprestación, como ocurre en otras latitudes. En otras palabras, el peor de los dos mundos para nuestro país y los propios migrantes, pero no para López Obrador, quien ha logrado que dos presidentes de EU miren hacia otro lado ante los crecientes problemas del país a cambio de su “colaboración”.

La política de contención migratoria, a cargo de militares, no solo es inconsistente con obligaciones internacionales de México en materia de refugio y asilo, sino que ha sido implementada de forma muy incompetente, sin preparación ni recursos y plagada de actos de corrupción, como acostumbra este gobierno. Impregnada de crueldad, xenofobia y discriminación, la gestión del gobierno acumula casi 4,500 quejas ante la impresentable CNDH por constantes maltratos y continuas violaciones a los derechos humanos de los migrantes, que enfrentan condiciones muy lamentables en los albergues y estaciones migratorias. En estas circunstancias era solo cuestión de tiempo que se produjera otra tragedia.

El incendio ha destapado una cloaca, otra más de la 4T. Como acostumbra, el presidente reaccionó con distractores y mentiras, habló de un albergue cuando era un centro de detención y, con una escandalosa falta de empatía, culpó a los migrantes de provocar su propia muerte para, minutos después, soltar una carcajada. Un video lo exhibió y mostró que los guardias habían dejado encerrados a los migrantes a pesar del incendio. Los dejaron morir. Después se supo que la seguridad del centro estaba subrogada a una empresa propiedad del cónsul honorario de Daniel Ortega en México y que se han acumulado docenas de denuncias de extorsión en contra de funcionarios de alto rango en el Inami. En un gobierno de encargos, no de cargos, el secretario de Gobernación se trató de deslindar, argumentando que la supervisión del Inami correspondía a Relaciones Exteriores como resultado de un decreto presidencial que estableció una comisión a cargo de Ebrard. Algún porrista del canciller, en su defensa, aseguró que el decreto era ilegal. Mientras tanto, el comisionado del Inami aprovecha para escurrir el bulto. Escondidos tras la ambigüedad y el desorden propios de este gobierno, nadie asume responsabilidad política.

El presidente, que se presenta como un humanista, argumenta que la migración es un derecho, pero su gobierno la criminaliza. Mas vergonzoso aún, lo hace por encargo. Gracias a ello, López Obrador ha contado con una poderosísima herramienta de chantaje a Biden que, hasta ahora, le ha dado un manto de protección contra sus impertinencias, coqueteos con rivales de EU, la erosión democrática que sufre el país, una fallida política de seguridad y la creciente participación del crimen organizado en la política nacional. Frente a las justificaciones de la 4T y la indiferencia de la administración Biden y de los republicanos, ¿cabría esperar una corrección a la política migratoria dictada por Washington o, por lo menos, justicia? Conocemos el modus operandi. Al clamor mañanero de “no habrá impunidad” y “llegar a las últimas consecuencias” caerán unos cuantos funcionarios menores, se convocarán mesas de discusión para simular la refundación del Inami y se tratará de enterrar la atrocidad de Ciudad Juárez entre la montaña de escándalos acumulados por este gobierno.

Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos

@amb_lomonaco

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