En febrero pasado escribí en estas páginas que comenzaba a haber señales claras de que Trump podría traicionar a Europa en Ucrania y que la doctrina que estaría detrás de muchas de las acciones y declaraciones de su incipiente administración podría ser la división del mundo en tres esferas de influencia: América para los americanos (EU), Europa para Rusia y el Indo-Pacífico para China. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EU, publicada hace un par de semanas, lo pone en blanco y negro.
La Estrategia trae consigo muy malas noticias para Ucrania, el proyecto europeo y la seguridad del propio EU. Tendrá también implicaciones muy serias para México. En contraste, los grandes ganadores son China y Rusia, desde ahora pares de EU. Con Europa el documento es contradictorio y condescendiente. Se desentiende de la región al tiempo que se involucra en asuntos internos, buscando explícitamente el fracaso del proyecto que MAGA tanto desprecia, para lo que plantea “cultivar las resistencias internas a la trayectoria de Europa”. Música para oídos rusos. Por su parte, China deja de ser la amenaza primaria de EU para convertirse en un mero competidor con el que, sin embargo, es imperativo intercambiar bienes y servicios. India y especialmente África son ignorados, excepto en lo que toca a materias primas. Medio Oriente deja de ser prioridad, salvo cuando se trate de expoliación de recursos u oportunidades de negocios para Trump y sus socios.
Sin ambages, la Estrategia establece al hemisferio Occidental o sea, las Américas, como la prioridad número uno para EU, a través de una serie de acciones bajo el paraguas de lo que se denomina “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe (cualquier semejanza con los delirios de grandeza de la Cuarta Transformación es mera coincidencia). Entre otros objetivos, se pretende una región “razonablemente estable y bien gobernada para prevenir y desalentar la migración masiva hacia EU”, “cooperación de los gobiernos contra el narcoterrorismo”, un hemisferio libre de incursiones extrarregionales hostiles -por ejemplo, aranceles mexicanos a productos asiáticos- y de “la propiedad de activos clave”, así como “acceso (estadounidense) a ubicaciones estratégicas”. Para ello, anuncia “un reajuste de su presencia militar global”, en otras palabras, un incremento de las fuerzas militares estadounidenses en la región, como ya ocurre en el Caribe y el Pacífico Noroeste.
La Estrategia implica la renuncia explícita de EU a influir en el mundo para garantizar sus intereses. Revela que la administración Trump considera que EU ha perdido predominancia global y que se ha consolidado un mundo multipolar, con lo que deja atrás su condición de única superpotencia. Implica, por tanto, ceder dos terceras partes del planeta a sus rivales: a partir de ahora cada uno podrá hacer lo que quiera en su patio trasero. Queda por ver la disposición rusa y china de abandonar negocios e influencia en América Latina.
Más allá de la retórica soberanista de la 4T, ruidosa en declaraciones patrioteras y dócil en los acuerdos a puerta cerrada con Trump, me gustaría pensar que ya habrá alguien en la SRE y, quizás, Palacio Nacional analizando los ajustes estratégicos que el gobierno tendría que hacer a su política exterior y otras áreas, incluyendo en materias de seguridad y comercio, para hacer frente a otro mundo. Sería un buen propósito de año nuevo.
Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos
@amb_lomonaco

