...o mejor dicho en el circuito, porque apareció la lluvia en la clasificación del y la lucha por ser el más rápido en el Intercity Istambul Park lució emocionante, cerrado, luchando hasta el último centímetro de dominio al volante. Algo que indudablemente representó una bocanada de aire fresco para los aficionados al Gran Circo.

Bien dicen que en términos de automovilismo deportivo la lluvia separa a los adultos de los niños, en donde el agua se convierte en un ecualizador entre máquinas y pilotos, así como entre equipos grandes y chicos. Sin embargo, eleva de manera importante el riesgo de por sí latente en este deporte, un tema que siempre debe ser prioritario. Recordemos que al menos en la F1, la última víctima mortal, el francés Jules Bianchi, falleció en medio de un mojado Gran Premio de Japón de 2014.

Como lo comenté en este espacio, el deporte motor tiene su pináculo cuando la lluvia aparece en los circuitos, en donde sólo los grandes saben brillar. Leyendas como Ayrton Senna, Michael Schumacher o Pedro Rodríguez se consagraron como maestros bajo estas condiciones climáticas, y pilotos de la actual parrilla ganaron su primer Gran Premio o despegaron en ese contexto, desde Sebastian Vettel en 2008, Max Verstappen en Brasil en 2016 o el mismo Lewis Hamilton en Inglaterra, también en 2008.

Pero también entonces aparecen las caras largas, los “no sé qué pasó con nuestro ritmo, o los comentarios acerca de lo excesivamente peligroso de la pista. Desde nuestra perspectiva como aficionados es muy cómodo exigir a los pilotos que se arriesguen “un poco más” para nuestro deleite, pero también estas circunstancias le devuelven un poco la emoción a un deporte que se ha vuelto demasiado predecible en cuanto a adivinar quién se llevará la pole del sábado y ganará la carrera el domingo.

Desde luego la cerrada competencia entre Racing Point y Red Bull fue inesperada este sábado, pero también lo fue ver caer a Mercedes a media tabla o a Ferrari y McLaren fuera de Q3, o qué me dicen del gran ritmo de Alfa Romeo con Kimi y Gioviazzi calificando en octavo y décimo, respectivamente.

El mismo Senna afirmaba que aún cuando sabía que podía sacar ventaja cuando aparecía la lluvia, no era para nada divertido correr casi sin ver nada bajo el spray del resto de los autos mientras estás empapado y semi entumido por el frío. Pero sin la aparición de este factor, no habríamos disfrutado proezas como la suya en el circuito de Donington en 1993, o James Hunt no habría sido campeón en Suzuka en 1976, solo por mencionar algunas batallas épicas.

La calificación del Gran Premio de Turquía nos devolvió un poco la fe en que la Fórmula Uno puede ser de nueva cuenta emocionalmente competitiva, tal como se apuesta que lo sea en 2021, con autos más parejos y donde la diferencia principal sea el talento de los pilotos. Que la F1 sea más equilibrada no significa que Mercedes o Hamilton pierdan, sino que la lucha sea más pareja, donde la pelea sea por milésimas y no por abismales segundos. Obviamente los engranajes de los equipos cuentan mucho, y siempre existirán tanto las diferencias presupuestales como los ingenieros que sepan descifrar mejor un reglamento, estableciendo nuevas o renovadas hegemonías.

Así que parafraseando a Café Tacuba y su “Ojalá que llueva café”, yo espero que el agua sí caiga un poco nuevamente trayéndonos emoción, deseando siempre la mayor seguridad para los pilotos.

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