Se entiende que, por diversas razones, distintos comentaristas, políticos, académicos y empresarios se sientan obligados a volverse “quedabienes” de la 4T y del gobierno. Unos lo hacen sin duda por convicción; otros lo hacen deslindando sus críticas al sexenio anterior de sus elogios al actual; unos lo hacen con elegancia; otros lo hacen por necesidad. Nada nuevo bajo el sol en México.

Para caer en el error garrafal de recurrir a un término odioso pero ya casi inevitable, los aplausos de la comentocracia, de la academia y del empresariado casi siempre se basan y se dirigen a lo que se ha convertido en la llamada narrativa de la 4T. Descansa en tres y sólo en tres pilares: han salido de la pobreza 13 millones de mexicanos gracias a sus políticas de aumento de salario mínimo, salario promedio y programas sociales; ha disminuido la violencia medida por el número de homicidios dolosos por cien mil habitantes; se ha librado la ofensiva antimexicana de Donald Trump, evitando la confrontación y la invasión, y logrando una mejor posición competitiva para México en comparación con el resto del mundo.

No conviene pedirle peras —honestidad intelectual— al olmo de las élites mexicanas. Pero un mínimo de integridad supondría que para “ver lo bueno” de la 4T, es preciso creer en la veracidad de las tres afirmaciones de éxito recién citadas. A la inversa, para no ver nada bueno en la 4T, se impone la puesta en tela de juicio de dichas afirmaciones.

Tampoco se le puede exigir a las embajadas y a los corresponsales extranjeros en México, y menos aún a los medios mexicanos, a buena parte de la academia, y a los principales magnates del país, que se pongan a escudriñar el detalle de los supuestos tres logros. No tienen ni la vocación, ni el tiempo, ni el valor de hacerlo. Pero sí pueden escuchar, leer, estudiar a los especialistas que opinan al respecto.

Si con el paso del tiempo resulta que las tres tesis del gobierno se confirman, los simpatizantes abiertos o de closet del régimen habrán tenido razón. Y los escépticos deberemos de reconocerlo. A la inversa, si trasciende que las tres verdades de Sheinbaum no resistieron la prueba del añejo y, al contrario, se estrellaron con el duro muro de la realidad, habremos acertado los críticos, y se habrán equivocado los “quedabienes”. Ojalá lo admitan.

Yo no acepto las tres aseveraciones. Sobre la pobreza, me remito a los argumentos de Gerardo Leyva, Julio Santaella y Valeria Moy en el número de noviembre de la revista Nexos. Debido a cambios en la metodología de la ENIGH, a la discrepancia entre sus números y los de las Cuentas Nacionales, al carácter efímero de ciertas tendencias, creo que la disminución de la pobreza desde 2019 es mucho menor y menos duradera que la proclamada por el gobierno. No soy ni remotamente especialista en la materia, pero mis fuentes sí. Simplemente no le creo al gobierno.

En cuanto a los homicidios y la violencia, me sucede más o menos lo mismo. Un buen número de especialistas en estos menesteres han esgrimido dudas —o franca desconfianza— ante las cifras oficiales. Citan las divergencias de metodología —las nuevas categorías de homicidios no identificados, y “otros delitos que atentan contra la vida”—, la diferencia entre las cifras del Secretariado de Seguridad Pública y el INEGI, el incremento significativo de las desapariciones, la creciente percepción de inseguridad de la ciudadanía, y el aumento estratosférico de la violencia en estados como Sinaloa. Incluso algunos medios extranjeros conocidos por su inclinación hacia la 4T han tomado nota de la incredulidad que suscitan las exageraciones oficialistas y de sus epígonos.

Por último —y en esto sí puedo opinar con cierta confianza— el éxito con Trump me parece difícilmente comprobable. Evitar la invasión y la humillación es preferible a padecerlas, pero es un poco el petate del muerto. Sheinbaum ha cedido en absolutamente todo ante Trump, salvo en la presencia pública, masiva y duradera de efectivos militares norteamericanos en suelo mexicano. Hay cientos de efectivos civiles de seguridad estadounidenses en México, entre la DEA, la CIA, HSI y el FBI (los de Wedding) desde hace años, y seguramente el número ha crecido en este sexenio.

En todo lo demás —tropas mexicanas a la frontera norte, sobrevuelos de drones y aviones espía, decomisos y abatimientos de narcos, detenciones masivas (37 mil en poco más de un año), aranceles a China, suspensión de envíos de petróleo a Cuba, barreras no arancelarias— México se ha inclinado ante las exigencias de Washington. Así es muy fácil complacer a Trump.

A cambio, se destaca un aumento de las exportaciones a EU en el 2025, sin mencionar que la joya de la corona del TLCAN y del T-MEC, a saber, la industria automotriz, sufrió una caída de exportaciones de 5%. Además, los vehículos exportados a Estados Unidos, en los hechos, pagan un arancel de 25%, superior al de Inglaterra, Japón, y Europa. Una cosa es que Sheinbaum carezca de opciones reales ante estas concesiones; otra cosa es presentarlas como prendas de éxito.

Si tengo razón, los triunfos del régimen son ilusos, poco duraderos o francamente falsos. Si no, me inmolaré en la hoguera de la autocrítica. Espero que mis colegas actúen de manera correspondiente si acontece lo contrario.

Excanciller de México

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