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Morena contra Morena

Jorge Camacho Peñaloza

Pleitos y querellas presiden la vida interna del partido en el gobierno. Llamado a regenerar la vida política, la degenera. Heredera de lo peor del PRD, es incapaz de presentar un proyecto estructurado al servicio de la ciudadanía. Ambiciones inconfesables, oportunismo, tráfico de influencias son características en este momento en un partido rebasado por disputas e intereses. Incapaz de buscar el bien común, ajeno a algo parecido a un proyecto, reacio a servir a la ciudadanía, el partido de la regeneración se presenta como aquello contra lo que combate de labios para fuera. La contradicción impulsa una formación política que se dice de izquierdas pero que opera completamente desarticulada.  Ni es cierto que privilegia los intereses del pueblo, ni mucho menos que busca la democracia interna. El tráfico de influencias es el modus operandi de un partido que carece de propósito e intención, fuera de que algunos militantes se hagan con una candidatura. Desterrada la democracia interna, atentos al oportunismo, alertas ante la circunstancia, los aspirantes juegan en el terreno del amiguismo y el compadrazgo.

El panorama nacional de Morena es tan desalentador como decepcionante. En Guerrero, Pablo Amílcar Sandoval no reconoce las preferencias del electorado hacia Félix Salgado Macedonio; Claudia Yáñez, en Colima, desconoció las encuestas y renunció a Morena, ahora es candidata de Fuerza Social por México; en Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar impugnó la candidatura para gobernador; José Narro, en Zacatecas, denunció la imposición de un candidato externo rechazando el resultado de las encuestas; En Michoacán, Cristóbal Arias declara que buscará otro partido para competir con Raúl Morón a quien han beneficiado las encuestas; en San Luis Potosí, los precandidatos de Morena piden explicaciones a la dirigencia por haber impuesto cuota de género. El partido feminista renuncia al feminismo a la menor ocasión, aduciendo que por qué ellos y no otros. Desde luego, es previsible que en campaña dediquen emotivas loas a la lucha de las mujeres, a la necesidad de defender sus derechos, a su importancia en la sociedad. En los hechos, nada de eso es verdad. Morena es un partido machista y misógino, a contracorriente del progresismo que proclama. Todos los casos expuestos son elocuentes de lo que es en realidad el partido. Caso particular resulta el de Pablo Amílcar Sandoval. No sólo desconoció la encuesta que le fue desfavorable, sino que al parecer incitó una campaña de desprestigio hacia su adversario. Su actitud es la del inmaduro, seguro de que su hermana, Irma Eréndira Sandoval, habría de conseguirle lo que ya consideraba suyo. Pero sucede que no cuenta con el apoyo popular que favorece a Salgado Macedonio.

Los aspirantes de Morena que perdieron en las encuestas exhiben el verdadero temperamento del partido. Sin democracia interna, a merced de intereses particulares, rehén de ambiciones exclusivamente personales, no parece que esté en condiciones de presentarse como una formación que promueve el bien general. Curiosamente, Marko Cortés invita a los candidatos descartados de Morena a que se unan a Acción Nacional. Al dirigente del PAN no le basta con tener al partido como lo tiene, necesita desaparecerlo.    

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