Hogar ¿dulce Hogar?

Jorge Camacho Peñaloza

Algunos Estados pero sobre todo la sociedad civil ha tomado ya medidas para enfrentar el Covd-19. La ciudadanía vuelve a adelantarse a la impasibilidad del Gobierno Federal. Indiferencia más que impasibilidad. La incapacidad o la premeditación del gabinete de López Obrador para entender los efectos de la pandemia podría tener consecuencias incalculables en nuestro país. No sólo en la salud y en lo económico, sino en la precaria paz social que a causa de la infección está seriamente amenazada. Ninguna de estas realidades parece preocupar a Andrés Manuel, quizás porque ahora no toca esperando a que sea la hora que será necesariamente muy tarde. Frente a la epidemia, sobrerreaccionar no es sobrerreacción. Ningún paliativo que contribuya a contener el riesgo es excesivo. El discurso de las mañaneras apunta en dirección contraria. Pues muy bien, que el gabinete entero se vaya en esa dirección. La sociedad está ya demostrando más sentido común, capacidad de priorizar, compromiso social que el gobierno entero. Tras la marcha de las mujeres, esta crisis se antoja definitiva para el descrédito de unas autoridades amedrentadas, reacias a exponer sin pelos en la lengua al Presidente las implicaciones de su sinrazón. Los muertos del covid-19 serán de este gobierno, no de los conservadores. Ni siquiera advierten las consecuencias políticas que se avecinan para López Obrador y Morena. Arturo Zaldívar, el amigo del pueblo, ya ha cerrado a cal y canto el TSJF. Su oportunismo tiene como límite un virus arbitrario y caprichoso, ni siquiera a cambio de quedar bien con su jefe y con el pueblo que es una amenaza para su salud. En esta ocasión el oportunismo del sr. Zaldívar prefiere apostarle a la prudencia.

Para la mayoría de mexicanos se avecinan días de reclusión con objeto de aislar al virus. Así hay que repensar nuestro espacio familiar que cobra un sentido extraño puesto que la cuarentana es una renuncia a la cotidianidad sin abandonar el trabajo y aquellas obligaciones que podemos realizar en nuestro domicilio. No es un periodo vacacional. Se antoja importante establecer para los miembros de la familia un horario que ordene la vida en común acordes con circunstancias excepcionales. Hay que seguir los protocolos de higiene y aseo personal relativos al caso. Con más motivos si alguien tiene que salir para atender cuestiones inaplazables. Los niños no deberían abandonar los estudios. En muchos casos, hay clases y tareas en línea. Debemos contribuir a que asistan a esas clases y hagan esas tareas que es además un modo de que no pierdan su estabilidad y concentración. Son también días que pueden aprovecharse para cohesionar a la familia, en que se fomente la colaboración de todos, en que se converse de asuntos pospuestos, en que se cierren diferencias. No hay duda de que la reclusión es una situación incómoda y dura. Pero puede aprovecharse para leer, escribir, ver películas y series, para fomentar la convivencia participando de actividades conjuntas. En la medida de lo posible, es aconsejable el ejercicio físico. Especial cuidado deben tener las personas mayores, sector particularmente vulnerable.

Los días que vienen no pueden ser días perdidos, sino ganados; no es tiempo muerto, sino muy vivo. La situación es grave pero debemos esforzarnos por sacarle provecho. En todos los casos, hay que seguir escrupulosamente los protocolos. La emergencia sin duda nos hará una sociedad más fuerte y responsable.

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