Hace varios días que venció el plazo para aprobar el presupuesto federal de 2020 . La falta de indecisión se debe a la toma del recinto de San Lázaro por organizaciones campesinas que demandan mayor apoyo. Según López Obrador , el campo es una prioridad de su administración. Si los beneficiados están inconformes es porque esa prioridad no es tal o porque esa prioridad en realidad encubre otras prioridades. Todo indica que las ayudas al campo están destinadas a la creación de una red clientelar en vistas de las elecciones intermedias de 2021. Resulta ahora que los campesinos y hombres y mujeres del campo no son pueblo bueno, ni siquiera pueblo. Es curioso que el pueblo bueno que llevó a Andrés Manuel a la presidencia cada día se reduce más. A este paso, en 2024, sólo lo integrará Beatriz Gutiérrez Müller .

Mario Delgado

sale a la plaza pública a proclamar que ahora el monto económico asistencial, que es clientelar, destinada al campo es superior a los presupuestos anteriores. Es interesante notar que los beneficiados no sólo no consideran ciertas estas declaraciones, sino que además les parecen flagrantes mentiras. Lo que sucede es indicativo del estado del país. Ahora resulta que los enemigos de la nación son quienes cada madrugada se inclinan sobre las sementeras. Hay algo de verdad en los alegatos de Delgado, durante mucho tiempo se financió discrecionalmente a diferentes organizaciones. Pero este hecho no puede opacar el asunto de fondo. Cuando Andrés Manuel y su vocero Mario Delgado insisten en que las ayudas llegarán sin intermediarios, están afirmando que únicamente beneficiarán a aquellos que son de su cuerda. Sin padrones, a pesar de lo mucho que publicitan su existencia; sin transparencia, aun cuando insisten en que las listas del padrón están colgadas en la red de las instancias correspondientes; sin otro criterio que la simpatía hacia Morena, aunque argumentan que es universal, las ayudas destinadas al campo son estrategias para la captación de votos.

Este gobierno no se cansa de mentir, de esconder, de usurpar el sentido de los apoyos, de fingir interés social, de simular preocupación por los desfavorecidos, de faltar sistemáticamente a la verdad. San Lázaro está tomado por mexicanos que consideran que sus derechos se están violentando. Desde Morena les dicen que es todo lo contrario, que se les está apoyando como nunca antes aunque no se lo crean y aunque no aparezca así en la partida de egresos. Mario Delgado sólo está interesado en salvar la coyuntura, no en solucionar de manera racional el problema. La estrategia exhibe el talante de este gobierno. Sin planeación ni proyectos, a salto de mata, la agenda la marca cada circunstancia. El reto de la 4T no es un mejor país, sino llegar al día siguiente.

El descontento del campesinado no es un hecho aislado, sino que se suma a una creciente decepción generalizada hacia el Presidente y sus acólitos. La inseguridad rampante, la economía en mínimos, estallidos sociales por todas partes. México parece inflamado de frustración, parálisis e impotencia. Un Presidente que no oye y que no gobierna; un Congreso que le hace el caldo gordo a espalda de los intereses de los ciudadanos; un Senado tan arbitrario como domesticado con excepciones. La 4T es una gran mentira al servicio de mantener el poder para nada.

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