Democracia aparente en Guerrero

Jorge Camacho Peñaloza

Los comentarios postelectorales se detienen sobre todo en decidir al ganador y al perdedor a gubernaturas, alcaldías, diputaciones locales y federales. Una plétora de consideraciones sobre la repartición de cargos públicos. Se asume que la jornada electoral fue pacífica con excepción de incidentes dispersos. Pero una cosa es la jornada de votación y otra las campañas. Cada vez hay mayor oposición entre el día de los comicios y el transcurrir de las campañas. La aparente democracia de la jornada electoral contrasta con las campañas políticas. Seguramente en lo nacional, como en Guerrero, las campañas fueron semejantes. No es posible competir con Morena en igualdad de condiciones. Estas elecciones mostraron que Morena está en todo el Estado de Guerrero, que como partido oficial opera como repuesto del PRI, que el clientelismo de los programas sociales es su principal baza electoral. El uso partidista de unos programas consignados en la Constitución es una afrenta y un baldón para la democracia mexicana. Los aliados de este clientelismo son la ignorancia, la indiferencia, la pobreza. Estos programas sociales no están diseñados para que los ciudadanos salgan de la pobreza, de condiciones de vida precarias, de la pobreza. Son meras estrategias para conseguir el voto manteniendo y generando pobreza. Apoyos económicos a cambio del voto. Los programas clientelares fomentan el inmovilismo económico y social, apegados al refrán “pan para hoy, hambre para mañana”. Frente a esta situación, es imposible que otras alternativas políticas irrumpan como opciones de voto. El ciudadano prefiere el apoyo económico a mejores propuestas y programas destinados a mejorar la calidad de vida de comunidades e individuos. La inmediatez juega un papel esencial. La democracia es sólo aparente durante las campañas. Al secuestro de los programas sociales, sigue la compra del voto. En Guerrero alcanzaron el precio de 2000 pesos por voto, que se entregaban una vez que el elector comprobaba su boleta con una fotografía. Morena hizo campaña con dinero de todos los mexicanos, utilizándolo como si fuera propio. No es algo excepcional, ya sabemos que hizo con el fideicomiso destinado a los damnificados por el temblor de 2017. No hubo condiciones de equidad en estas elecciones. Al contrario, si sobresalieron fue por la imposibilidad de competir según el principio de igualdad.

La elección de Guerrero se financió con dinero de procedencia opaca. Tres son las fuentes detectadas: 1. Recursos del gobierno; 2. Recursos de personajes interesados para cobrarse favores futuros; 3. Recursos del crimen organizado. Cualquiera de estas tres fuentes es ilegal, lo que debería llevar a la anulación de las elecciones apegados a la ley. En Guerrero y Acapulco se preguntan cómo se financió esta campaña. Es verdad que la jornada electoral fue pacífica, pero las campañas no lo fueron en absoluto porque se basaron en la desigualdad de los contendientes. La democracia en Guerrero es una apariencia, posiblemente como en otras regiones del país. Morena es el nuevo PRI. El INE y sus auxiliares realizaron un trabajo encomiable el día 6, pero las campañas son procesos que la autoridad electoral debe revisar porque de otra manera estaría avalando un fraude. Sin igualdad efectiva no hay democracia, sólo su apariencia.

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