Aunque el proceso electoral del 2021 arranca de manera formal en septiembre, las campañas para las elecciones que se realizarán en junio arrancaron hace unas semanas y lo hicieron el momento en que el presidente de México Andrés Manuel López Obrador afirmó que quien no está con él, está contra él; quien no está con la 4T, está en contra de la 4T.

No deja de sorprender que en un proceso de cambio, encabezado por la llamada cuarta transformación, condicione desde ahora las campañas. La ficción del México que regala el gobierno federal parece que domina por completo la política del país. Los partidos en lugar de señalar el desvarío se han sumado al despropósito. De manera que en el 2021 viviremos unos movimientos políticos a partir de la impostura de una transformación imaginaria. Pero estamos en México, ese país del que André Breton en entrevista con Rafael Heliodoro Valle dijo que es “el país surrealista por definición”. En efecto, es surrealista aceptar una polarización en que nadie en apariencia tiene nada que aportar a no ser más polarización. Aceptemos, pues, que existe la 4T y que, por tanto, quien no está con ellos está contra ellos, quienes quiera que sean. Lo que pueden dar los “ellos” está a la vista y no se puede esconder.

Lo que la oposición puede aportar al proceso también está a la vista y no lo puede esconder. Así las cosas, absurdas por cualquier lado, de las quince gubernaturas en juego, todo indica que Morena podría hacerse con once o doce. Las encuestas así lo muestran. No sólo es que tenga ventaja, sino que en algunos casos la diferencia se antoja inalcanzable. En esta tesitura, los partidos de oposición trabajan con denuedo para reducir más si cabe sus opciones. En consecuencia, tenemos al partido del gobierno que se ha dedicado a demoler y a la oposición dedicada a demolerse. Las pulsiones destructivas y autodestructivas acapararán las contiendas.

El contexto de los partidos en ningún caso invita al optimismo. En todo caso serán los candidatos, las personas y los ciudadanios, quienes tengan en su mano la solución a la presente decepción. Las elecciones del 2021 exigen el protagonismo de los candidatos antes que de los partidos a los que representan, los votantes antepondrán la confianza en el candidato antes que en el partido. Los ciudadanos advierten ya la necesidad de programas realistas en lugar de promesas improbables. El pueblo, como la 4T gusta llamar a sus votantes, se encontrará una situación inédita a causa de la pandemia, de la crisis económica, de la crisis social, del desempleo, de la violencia. Frente a la coyuntura, un gobierno sin recursos y con pocas expectativa de generarlos a no ser que exprima más a la clase media.

Los Estados gobernados por afines a Morena también dejarán de recibir dinero federal, igualándose así con los gobernados por la oposición. Sin pretenderlo, no es descartable que los gobiernos estatales tengan apenas influencia en las campañas. En consecuencia, la distancia entre Morena y el resto de fuerzas políticas es posible que se recorte.

Como dice el dicho, del plato a la boca se cae la sopa. Nada está decidido, al contrario. La incertidumbre capitalizará unas campañas en que los candidatos serán protagonistas absolutos. La suerte no está echada. Hay que buscarla. Buenos candidatos podrían decantar las votaciones. El electorado no regalará su voto a promesas ilusorias. Demanda certeza, franqueza y honradez.

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