Morena: la enseñanza de sus encuestas

Jorge Buendía

Reconocer el nombre de un candidato no equivale a preferencia

La amplia difusión y transparencia del proceso de selección del presidente de Morena ha permitido que la clase política y el público en general tengan una mejor comprensión de cómo se realiza una encuesta y, sobre todo, cómo se interpretan los datos generados a través de este instrumento. Quiero destacar tres elementos que vale la pena tener presentes para el futuro, sobre todo en la antesala de los comicios de 2021.

El primer punto es que reconocimiento de nombre de un candidato/a y preferencia por él/ella no son sinónimos. A algunas personas les costó entender por qué si Muñoz Ledo (PML) obtuvo mayor porcentaje en la encuesta de reconocimiento entre simpatizantes de Morena, solo “empató” en la segunda encuesta de preferencia. Si bien, ceteris paribus, a mayor conocimiento de un(a) aspirante mayor la preferencia por él/ella, lo que importa es la conversión de conocimiento en intención de voto.

Existen métodos estadísticos para estimar esta tasa de conversión pero usaré una medida muy elemental. Si PML obtuvo 42% en la encuesta de reconocimiento y una semana después recibió 17.5% de la preferencia bruta, su tasa de conversión es de .42 (17.5/42). Ello quiere decir que por cada 100 personas que lo conocían 42 se inclinaron por él. En cambio, por cada 100 personas que conocían a Mario Delgado 64 lo apoyaron. ¿Por qué el conocimiento de PML se reflejó en una menor preferencia que en el caso de Mario Delgado? Hay por lo menos dos hipótesis plausibles y no excluyentes: 1) Muñoz Ledo es más conocido, pero acumula más opiniones negativas. Esta es una de las razones por la que muchas veces conocimiento y preferencia divergen y/o 2) el conocimiento es muy superficial, vago, por lo que su impacto en la preferencia es limitado.

La segunda enseñanza que nos deja este proceso es que las preferencias se realinean cuando uno o más aspirantes salen de la contienda. En la tercera encuesta solo hubo dos candidatos y quienes veían con simpatía a Yeidckol Polevnsky, Adriana Menéndez o Hilda Díaz tuvieron que elegir entre Delgado y Muñoz Ledo. Por lo general, gana quien despierta menos negativos entre el electorado cuya primera opción ha desaparecido. En este caso, quienes respaldaron una opción femenina se inclinaron posteriormente, en mayor grado, por Mario Delgado y rompieron el “empate” previo. Esto es propio de una segunda vuelta que, para efectos prácticos, fue lo que significó la tercera encuesta mandatada por el INE.

La tercera enseñanza tiene que ver con la importancia de las reglas y su aceptación por todos los contendientes. En el pasado, para obtener una nominación a través de encuestas, fue menester alcanzar el mayor porcentaje de respaldo en diferentes preguntas (o menor en el caso de las opiniones negativas). Así seleccionó la izquierda a López Obrador como candidato presidencial en 2012. Esta vez se utilizó una sola pregunta como indicador. De la misma manera en que un presidente se puede elegir de manera indirecta (Colegio Electoral), por mayoría simple, o a través de una segunda vuelta, lo importante en la selección de candidatos o dirigentes a través de encuestas es que los participantes acepten las reglas que definen quién resulta “ganador” de la encuesta. Esto es lo que permite que el proceso se lleve sin sobresaltos. 
 

@jblaredo
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