Entre pactos y reformas

Jorge Álvarez Hoth

Durante el sexenio de Vicente Fox cuando me desempeñé como Subsecretario de Comunicaciones, escuché del entonces legislador Felipe Calderón decir que el juego de la política se centra en costos y beneficios. Que cuando un grupo político va a tener un triunfo en cualquier terreno público, dicho grupo va a buscar minimizar en el proceso sus costos políticos y la oposición contrariamente va a buscar maximizar dichos costos, con objeto de orientar a la opinión pública (que son quienes votan) en un sentido o en otro.

Este juego perverso que confronta y nos retrasa el avance como sociedad, juntamente con el constante pleito del manejo del presupuesto público a cualquier nivel concentra el juego del poder.

En política sin dinero nadie hace nada y sin votos nadie llega a las posiciones de poder. De hecho, el centro de la política es el dinero y no el poder como se piensa ya que es en esas relaciones tan cuestionadas entre el poder económico y político, que se construye la toma de decisiones y políticas públicas por quienes gobiernan, ya sea para favorecer o para afectar intereses privados y públicos.

Hoy que se anuncia el Pacto contra la inflación justamente de la mano del sector privado empresarial que en algo va a ayudar y al mismo tiempo se impulsan reformas como la electoral con las que se está trastocando el estatus quo y afectando, para bien o para mal, al interés público, no debemos perder de vista lo realmente importante que es el bien común.

No puede ser cierto que el Gobierno haga todo mal como pretenden hacer ver los representantes del PAN, del PRD y a veces del PRI; ni tampoco puede ser cierto que el Gobierno haga todo bien como se dice en las mañaneras, lo que crea una distorsión opinativa tanto en el círculo rojo, cuanto en el verde.

Tenemos, sin duda, un Gobierno que quiere transformar y trastocar las estructuras económicas y sociales en el país y al margen de que se esté de acuerdo o no del rumbo que pretende imprimir, es un hecho que las cosas no son como antes y que hay mucha más discusión sobre las necesidades de los menos favorecidos, que hay mucho debate sobre el modelo ideológico que se persigue y que no habrá regreso al estatus quo anterior. Eso es lo que hace la democracia y está bien.

Por eso este Gobierno es de transformación, principalmente porque ese fue el mandato de la gente en la elección y los entendidos tanto en el sector privado como público, vemos con naturalidad lo que sucede y los menos informados o fundamentalistas se rasgan las vestiduras odiando o apoyando. Las transformaciones duelen y tienen altos costos, pero no hay otro camino. La desigualdad que se vive es rampante y si no se hace algo podríamos tener mucho peores resultados. Ya va siendo hora de que todas las partes acepten que lo que era antes ya no funciona para el común de la gente y que es mejor aceptar la realidad, ponerse de acuerdo y facilitar lo inevitable.

Necesitamos altura de miras en todos los actores y exigirles que se pongan de acuerdo para que hagan que las cosas sucedan para el bien de todos y si no lo hacen eso si debiera ser materia de un juicio y una sanción.

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