Joel Ortega Juárez

¿Si Sheinbaum no lo entrega, vendrá Trump por él?

Joel Ortega Juárez, articulista.
01/05/2026 |00:28
Joel Ortega
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La acusación de los Estados Unidos a Rubén Rocha Moya y a nueve altos funcionarios sinaloenses, por conspirar con el Cártel de Sinaloa, para lavar dinero, traficar droga a los Estados Unidos y usar armas, desafía a Sheinbaum.





Ese reto de un presidente de los Estados Unidos, que tiene elementos pre electorales, pero es esencialmente la confirmación de que Trump considera que en México gobiernan los cárteles de la droga.

Esa arrogancia imperial, la Presidenta la quiere convertir en “bandera” soberanista, nacionalista para esconder los nexos de su gobierno con los cárteles, para llamar a la “Unidad Nacional” contra el imperialismo.

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Una vez más, estamos ante una disyuntiva ajena a la mayoría de la gente.

La Presidenta quiere evadir sus graves y profundos nexos con los cárteles de la droga, cantando el masiosare, y para eso ya comenzó a usar la política del carro completo.

Todos los gobernadores de Morena firmarán un desplegado apoyando a Rocha y llamando a rechazar el intervencionismo gringo.

No se debe aceptar esa disyuntiva.

Ahora más que nunca se requiere otra política de combate al narcotráfico y sus variantes. Legalizar la producción, distribución y consumo de las drogas, sigue siendo una parte esencial para combatir a los criminales.

Además, se requiere confiscar los capitales de los cárteles, detener a sus principales jefes. Exigir a los gringos acciones para impedir la distribución de armas en territorio mexicano. Ofrecer empleos bien pagados a los miles de personas que forman parte de la cadena operativa de los cárteles.

Pasamos de la política del disimulo (título premonitorio de un libro de Rubén Rocha) a la guerra contra el narco de Calderón y a la política de abrazos no balazos, de AMLO.

Sheinbaum heredó esa política y la sigue aplicando, combinada con actos espectaculares deteniendo algunos capos. Eso ya no le basta a Trump, por eso acusó legal y formalmente a Rocha, exigiendo su deportación a los Estados Unidos para que una fiscalía de Nueva York lo ponga tras las rejas, que se dice que es la misma que actúa contra Maduro.

No se trata simplemente de una “coincidencia” casual, es en gran medida un rasgo que une a los castristas de Cuba, de Venezuela y de México: han medrado con alianzas de sus gobiernos con las bandas de narcos.

Precisamente por eso los castristas están llamando a unirse con la Presidenta y rechazar el intervencionismo gringo.

Este enredo terrible le da armas a la derecha mexicana, la que ahora se desgarra las vestiduras en un linchamiento contra Rocha y pandilla.

La vida no ocurre como se traza en las estrategias abstractas, se desarrolla en una realidad impura, contradictoria y cada vez más canallesca tanto nacional como internacionalmente.

Es totalmente falsa la existencia de un mundo dividido en fuerzas del mal, encabezadas por el imperialismo y la pureza de un bloque social, geográfico, étnico y cultural agrupado en el idealizado SUR.

Esa visión binaria dominó la era de la Guerra Fría. Hoy se requiere construir otro camino para ir avanzando hacia una nueva etapa que vaya creando una sociedad libre de explotación, desigualdad, miseria y destrucción sistemática de los seres vivos en nuestro planeta. Esa ruta no pasa por las estaciones infestadas de corrupción, del proyecto alternativo de nación de los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación.

Debo hacer pública mi relación con Rubén Rocha Moya, en atención a mis lectores. Lo conozco hace unos 60 años, desde nuestra militancia en la Juventud Comunista. En los años posteriores nos vimos poco. Hemos tenido una amistad que no borra nuestros desacuerdos políticos. No soy juez. Lamento su situación actual.

@joelortegajuar

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