Como en la era del priismo del presidencialismo imperial y el partido prácticamente único, se ha regresado a las filtraciones, las especulaciones, las intrigas palaciegas como deporte favorito de analistas, columnistas y demás parafernalia cortesana.
Diariamente se publican chismes, pronósticos, vinculados a las presiones que sufre la presidenta Sheinbaum, tanto las que proceden de Palenque, como las de Washington.
En realidad, la Presidenta ha sabido navegar entre esas supuestas corrientes tormentosas y antagónicas.
En la cuestión de los migrantes no existe ninguna bronca. Trump mantiene a Claudia acatando sus fobias contra los migrantes, la Presidenta los persigue en la frontera sur, en la norte y a lo largo y ancho del país; incluso premia al jefe de Migración, Francisco Garduño, con un hueso en la SEP, a pesar de estar involucrado en la muerte de 40 migrantes dentro de la estación de migración de Ciudad Juárez el 27 de marzo de 2024.
No tiene bronca tampoco con AMLO en acatar todas sus reformas legales y constitucionales, para abolir la estructura republicana y eso a Trump le vale Wilson.
En relación a la vulneración de las normas de respeto al comercio, fue más lejos que Trump e impuso un 25% y luego lo subió a 50%, para todas las mercancías chinas.
Cada día ocurren hechos de intromisión militar de los Estados Unidos en territorio y espacio mexicanos: aviones militares inmensos vuelan y aterrizan en aeropuertos con toda tranquilidad, después la Presidenta finge demencia y le tira la bolita a la Secretaría de Gobernación, a la Defensa, al Senado, etc.
Se volvió rutina la entrega sistemática de narcos reales o supuestos, sin apego a ningún debido proceso, simplemente los “trasladan”; parece que a Trump ese “goteo” no le es suficiente y está exigiendo peces gordos: gobernadores, integrantes del gabinete, jefes del congreso y parientes de AMLO. En ese tema sí hay una broncota. En ese mar tan convulso la Presidenta no puede nadar eternamente entre Trump y AMLO. Muy pronto veremos el desenlace.
En el affaire Cuba, la Presidenta no actúa bajo presión de AMLO al enviar millones de barriles de petróleo donados a la dinastía dictatorial de los Castro, sino bajo la coartada de apoyo humanitario; en eso la Presidenta es consecuente con sus antiguas casi genéticas convicciones castristas. Mucho más sólidas y antiguas que las de AMLO.
Pero la “solución trumpista” es todavía un enigma, aunque contempla el modelo Maduro, derrocando al dictador, pero preservando la dictadura, al poner de rodillas al aparato de la revolución bolivariana, a cambio de garantizarles impunidad a los siniestros hermanos Rodríguez, José y Delcy, incluyendo al lacayuno madurista Diosdado Cabello.
Ciertos especuladores “filtran” todos los días una “negociación” con Miguel Diaz Canel, donde le darían impunidad a él a y su camarilla, a cambio de establecer un protectorado tipo Venezuela, con inversión masiva en hotelería y otras actividades en la isla, lo que en realidad ya existe, pero sobre todo para empresas españolas, lo mismo que la exploración y extracción de petróleo. Elizabeth Burgos, gran figura del castrismo, directamente ligada a Fidel, me dijo que el 3 de enero significó la cancelación del castrismo.
Trump ha destruido el entramado de rega, instituciones creadas después de la segunda guerra mundial. Como dijo en Davos el primer ministro de Canadá, Mark Carney, es el fin de la era sustentada por la hegemonía estadounidense como una fase de ruptura, discurso elogiado por la presidenta Sheinbaum, a pesar de que aludió al viejo slogan de “proletarios del mundo uníos”, como la gran mentira que sustentó a los regímenes del socialismo soviético. Quizá es la carta oculta de Sheinbaum.






