Macanazos, golpes, disparos de gases lacrimógenos y otros líquidos, disparos de balas también en las calles de la Ciudad de México y las carreteras de Oaxaca contra la CNTE. Otra vez regresa la ominosa política represiva del Estado mexicano que se desarrolló con toda su prepotencia en los años sesenta y setenta. Lo que pensábamos se había resuelto, la libertad de manifestación, está nuevamente en riesgo. No se puede llegar al Zócalo porque la Presidenta se auto-otorgó esa plaza para hacer sus concentraciones de acarreados por los sindicatos tradicionales con los mismos líderes charros del pasado. Queda pendiente construir un gran acuerdo, un gran compromiso histórico de quienes resisten esta embrionaria dictadura. Hay que unir a los liberales, a los intelectuales que resisten, a los que tienen expresiones en los medios, a los campesinos perseguidos como los del EZLN y otras comunidades semejantes, a los maestros, a los estudiantes, a las mujeres, a las buscadoras, a los migrantes, a los defensores del medioambiente, a los que resisten en el medio artístico e intelectual, también a los científicos, incluso a empresarios grandes y pequeños, a los que organizan reuniones, presentaciones, debates y cuestionan esta reconstrucción del viejo poder del Estado de la Revolución Mexicana.

Lo que está ocurriendo no es una casualidad, es el resultado de la dominación que algunos fechan en 1915 cuando Carranza derrotó a las fuerzas populares de Zapata y Villa y se estableció desde entonces una hegemonía —dicen unos—, una dominación ideológica —dicen otros—, un adormecimiento también, una narcotización de la gente e incluso en una expresión coloquial: una atolización, es decir “atole con el dedo” que mantiene el control de millones y ha sido la sustentación de este poder por casi un siglo —con una breve excepción de 1997 a 2018– que vuelve otra vez la restauración del viejo régimen, vuelve la dictadura perfecta. Esa es la tarea de hoy, no quedar atrapados en el chisme, la especulación, la intriga de lo que ocurre en Palacio Nacional. Hay que salir de esas murallas y buscar abajo, con la gente, en medio y en algunos sectores de arriba una gran alianza para defender la democracia y la república. Es una tarea de ahora, no hay que evadirla, no hay que aplazarla, o se está con la democracia y la república o nos aplasta la reconstrucción del viejo modelo priista de dominación.

La dominación que prefigura un modo dictatorial se expresa ahora con la actitud de doble rasero; por un lado, sentencia o persigue a la gobernadora de Chihuahua y la cita para procesarla, incluso reviven una demanda del exgobernador de Chihuahua, Corral, por supuesto secuestro y al gobernador de Sinaloa lo sigue protegiendo. Todo esto se hace posible porque se adueñaron del poder judicial y los jueces obedecen sus órdenes, no hay manera de defenderse.

Por eso es tan sustancial, tan vital, no solamente para un sector de la vida del país sino para todos, incluso los que con mucha razón rechazan la vida política y a la partidocracia, incluso ellos sufren las consecuencias de esta consolidación de una especie de dictadura perfecta que vuelve a regresar. Siempre habrá manera de luchar, de buscar el hilo conductor que una las distintas corrientes, fuerzas, pequeños grupos, movimientos con personas en lo individual y que pueda derribar esta muralla, la muralla de la intolerancia, de la arrogancia que se manifiesta en todos términos en la actitud de la presidenta Claudia Sheinbaum.

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