Diego Armando Maradona saltó para burlar al portero inglés Peter Shilton, no pudo cabecear y metió la mano de Dios para anotar el segundo gol y vencer a Inglaterra, ese triunfo tuvo el sabor de la venganza por la Guerra de las Malvinas. El 22 de junio de 1986 se convirtió en día de fiesta nacional en Argentina.
Un cuñado me obsequió dos boletos, invité a Juvenal González, ambos tuvimos la fortuna de estar en el Estadio Azteca, ese partido Argentina vs Inglaterra y presenciar la Mano de Dios.
Muchos años después, el 2 de octubre de 2018, viaje a Culiacán Sinaloa, para conmemorar los 50 años del movimiento del 68, viajé en avión. En el vuelo conocí a Martha Alicia Camacho Loaiza, esposa de José Manuel Alzapico, militante de la Liga 23 de Septiembre, ambos detenidos el 19 de agosto de 1977, Martha estaba embarazada, presenció y sufrió ella también las torturas a su esposo, desde entonces no ha cejado su lucha por la justicia y contra la impunidad del crimen de Estado, desaparición forzosa, perpetrado contra su compañero.
Martha fue al baño en ese vuelo y al regresar me dijo: “Adelante va Diego Maradona, me tomé una selfi con él”. No me pude contener fui hacia la fila uno y saludé al Dios Maradona, de la Iglesia Maradoniana que lo venera en Nápoles, no me contestó. Me enojé mucho. A la mañana siguiente me topé a Maradona en el restaurante del Hotel Lucerna, me percaté que estaba como zombi por la droga, lo ayudaban a caminar sus “asistentes” como entrenador del equipo de Segunda División Los Dorados de Culiacán, un intento por ganar esa plaza beisbolera para el futbol.
El enojo contra Maradona, se convirtió en dolor por su condición de mercancía, de los capitales que manejan el futbol a nivel mundial.
Esa mafia que controla la FIFA, está siendo denunciada ahora mismo en estos días previos a la inauguración del Mundial, el 11 de junio, mediante plantones en las avenidas adyacentes al Estadio Azteca, ahora rebautizado como Banorte, también se han realizado retas contra esa gran operación financiera, como la que se realizó en el Zócalo, en un domingo reciente.
El futbol es un gran fenómeno cultural a nivel mundial, incluso es un rasgo identitario de muchísimos aficionados, ser del Barsa, del Paris Saint Germain, del Arsenal o del Chelsea, de la Juventus, trascienden las identidades nacionales correspondientes, se desplazan por miles para ver jugar a su equipo.
No soy un aficionado, mucho menos un conocedor de futbol, sin embargo, he tenido la fortuna de haber asistido a la inauguración del Estadio Azteca, en el partido América vs Torino, el 29 de mayo de 1966, donde el América iba ganando 2 a 0, con goles de Arlindo y Zague al Torino, quien finalmente les empató con goles de Ulisse Gualtieri.
Soy apasionado desde niño del futbol americano, en particular de los Pumas, por eso estuve en la inauguración del Estadio de Ciudad Universitaria el 20 de noviembre de 1952, en el inolvidable clásico Pumas vs. Burros Blancos, que ganaron los universitarios 20-19, por la anotación del full back Juanito Romero, en el último minuto, lo que hizo que los aficionados de los Burros Blancos tuviesen que apagar sus antorchas de papel periódico.
También estuve vinculado al panbol en 1967, cuando era reportero de la revista Deporte Ilustrado, propiedad del General Núñez, dueño del Atlante.
Mi vínculo más estrecho con el fut, es mi hijo, quien juega desde los 6 o 7 años.
El futbol es apasionante, también es un gran negocio y un medio de manipulación.
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