Juventud mexicana condenada al olvido

Jimena Cándano

¿Cuántas veces le has dado una moneda a un niño en el semáforo, en un restaurante o sobre la calle? ¿Cuántas veces has ignorado a un adolescente que te pide dinero tras hacer un espectáculo en el semáforo? Aunque no lo creas ambas acciones son nocivas porque a través de ellas se fomenta un estilo de vida aparentemente fácil que los desvincula de su familia, la escuela, el trabajo formal y los expone a la explotación.

Cuando un niño te pide dinero normalmente se lo das porque sientes culpa y es una forma muy fácil de “limpiar” nuestra conciencia, sin embargo, lo único que se logra es encadenarlos a la calle. Ese mismo niño cuando crezca lo que te generara será miedo, al final indiferencia y rechazo, eso conjugado con otra serie de variables sociales como la falta de educación de calidad, entornos hostiles y normalización de la violencia, orillan a este individuo que invisibilizamos a incurrir en actos delictivos que probablemente afectarán tu entorno.

En México existen aproximadamente 40 millones de niñas, niños y adolescentes de los cuales más de la mitad se encuentran en una situación de bajos recursos y de pobreza extrema. Vivimos en un país de realidades muy diversas y desiguales, por un lado hay quienes disfrutan del acceso a servicios públicos y en el otro extremo los que por exclusión social no pueden ejercer algunos o varios de sus derechos.

Tristemente pocos son los niños, niñas y jóvenes que tienen acceso a los derechos básicos, por ejemplo, de acuerdo con la UNICEF, 3 de cada 10 adolescentes que tienen entre 15 y 17 años se encuentran fuera de la escuela, siendo esto gravísimo ya que la educación se considera un derecho llave, ya que abre la puerta a muchos otros derechos y a un futuro mejor. Además la escuela proporciona un espacio seguro y de contención que sirve para prevenir las conductas nocivas.

Y la mayoría podrán afirmar ¡pues que aprendan a trabajar! Y es exactamente lo que decimos desde hace 36 años en Fundación Reintegra, pero ¿cómo van a aprender a hacerlo si nadie se los ha enseñado? Ninguno de nosotros nacemos sabiéndolo hacer, es una habilidad social que se adquiere mediante mecanismos de socialización y capacitación laboral.

Por otro lado, es importante que mejoremos la oferta y la calidad de los programas y políticas públicas enfocadas particularmente a la primera infancia y la educación básica. Estas deben estar basadas en experiencias probadas y no en ocurrencias del momento.

Fundaciones y organizaciones en todo el mundo desempeñan un papel fundamental en las agendas nacionales de todos los países, su participación en los asuntos públicos es un componente imprescindible de las sociedades democráticas porque a través de ellas se da voz y representación a este tipo de grupos que se encuentran ante una situación de abandono por parte de las autoridades y de la comunidad misma.

Es primordial que nos sumemos todos y que se promuevan políticas públicas y programas que impulsen el desarrollo de las capacidades de nuestras niñas, niños y adolescentes para evitar que incurran en actos delictivos y de igual manera apoyarlos en el proceso de su reinserción social incluso si llegan a cometer un delito. Como sociedad debemos estimular la prevención del delito y fortalecer las capacidades de cada miembro que llegue a nuestras familias.
 

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