El mandato constitucional de la mayoría electoral en 2018 fue claro: se eligió a un Presidente de la República para que lo sea hasta el 30 de noviembre de 2024. No más. Puede ser menos, pero no más. Nuestra máxima norma prohibe la reelección, la prorrogación del mandato presidencial. Y también prohibe su destitución salvo por causas graves previstas en la Constitución. Diversos hechos han revivido el debate sobre la reelección; hechos que violan la vida republicana y trastocan la convivencia democrática, protagonizados y solapados por el presidente López Obrador. Aquí los más relevantes:
1. Sin iniciar su mandato legal convocó ilegalmente a una “consulta popular” para decidir la suerte del necesario nuevo aeropuerto para la Ciudad de México, que ya tenía 30% de avance y decenas de miles de millones de pesos invertidos. El resultado fue su cancelación. El mensaje de AMLO era claro: “¡Aquí mando yo!”
2. Algo similar hizo en Morelos sobre la construcción de una termoeléctrica, que en campaña se había comprometido a cancelar. Después Andrés Manuel declaró que más valía que nos fuéramos acostumbrando a ese tipo de decisiones, “porque el pueblo manda”; o sea, “acostumbrarse” a aceptar lo que él diga así sea por encima de la ley.

3. Ya como presidente constitucional anunció que enviaría al Legislativo una iniciativa para “la revocación de mandato” y para que pudiera haber “consultas populares” sobre temas que él considerara relevantes. Así podría aparecer en las boletas en el 2021, y recorrer el país haciendo campaña con recursos públicos en favor de su partido, violando la equidad electoral, así como para legalizar su visión inconstitucional de “democracia plebiscitaria”. Vale recordar que la exigencia de revocación de mandato ha sido un recurso de las oposiciones. Cuando viene de los gobernantes es una estrategia para mantenerse en el cargo indefinidamente.
4. La “Ley Bonilla” en Baja California para que el gobernador electo para 2 años dure en su encargo 3 años más es, en los hechos, una reelección, trastoca los principios republicanos democráticos elementales y violenta la unidad de la nación. A pesar de ello no ha merecido ninguna condena de AMLO ni se ha comprometido a impugnarla ante la Corte. Solo ha dicho, reaccionando ante acusaciones de múltiples sectores de que estaba sentando las bases para su reelección: “A mí no me involucren en eso. Son decisiones autónomas de Baja California. Hay que irse acostumbrando a eso porque ahora ya el Presidente no da línea como en el pasado”. Y para “reafirmar” que no buscaría la reelección lo firmó ante notario público como si esa firma estuviera por encima de la Constitución.
Por eso el fantasma de la reelección cabalga por México. La violación cotidiana del Estado de Derecho y la inseguridad jurídica que ahuyenta inversiones, de la mano de la creciente inseguridad pública y el desempleo, así como los profundos problemas en salud y educación, son razones suficientes para considerar que AMLO quiere reelegirse y son base para un inquietante malestar social en aumento.
Las manifestaciones ciudadanas son expresión de ello. Algunos descalifican la consigna de ciertos sectores de “¡renuncia AMLO!” como “golpismo de derecha”. Esa consigna es equivocada porque le hace el juego a la estrategia confrontacionista del gobierno. Pero quienes acusan olvidan que AMLO en 2006 llamó a impedir la toma de protesta de Calderón. ¿Acaso eso no era “golpismo”? Son estos mismos los que hacen correr la falsa versión sobre “un golpe de Estado blando de la derecha”.
Urge la unidad de todos los demócratas y republicanos en cada espacio donde se pueda en defensa del Estado de Derecho. Sin sectarismos ni ideologismos y sin planteamientos radicales. Así se evitará que el fantasma de la reelección y la prórroga de mandato se haga realidad bajo la forma de un “golpe de Estado técnico”.
Exdiputado federal