Vivimos momentos de enorme tensión y gran trascendencia para el país. Estamos atestiguando días en los que se define, en gran medida, nuestro futuro inmediato y, quizá, para muchos años, la historia de nuestra Patria.
No son frases exageradas, sino reflejo de la profundidad de un escenario en el que estamos inmersos y en cuyo seno actuamos.
El pasado 8 de marzo (8M), conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, donde se evidenció con singular claridad, la dimensión y alcances de lo que está sucediendo.

Ante la creciente ola de feminicidios y la justificada exigencia social de acciones gubernamentales para hacer frente a esta problemática, la respuesta fue la insensible e irresponsable sordera oficial, la descalificación presidencial con la falsedad de que “el discurso feminista es parte de la estrategia de los conservadores con tintes fascistoides” y el amurallamiento, con vallas de acero, del Palacio donde reside el propietario de la verdad oficial sobre lo que pasa en el país.
Y su corolario: la represión, los gases lacrimógenos, el acoso a los medios de comunicación, y la amenaza con francotiradores contra las manifestantes. Peor que en los tiempos de Díaz Ordaz y Luis Echeverría, responsables del genocidio en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Nada que ver con un gobierno de izquierda, porque el de López Obrador no lo es.
No son hechos aislados. Son nuevos eslabones de la cadena de deterioro que asfixia al país, que está aplastando la economía en las ciudades y en el campo, que está aniquilando empleos, que está matando a centenares de miles de personas por la pandemia y la irresponsabilidad para enfrentarla (ni siquiera con vacunas suficientes), que nos acorrala por la creciente inseguridad y que nos ahoga con la insultante y galopante corrupción gubernamental, aunque en la propaganda mañanera se sostenga la demagogia de que este gobierno “es diferente”.
Como complemento de este desastre nacional tenemos la incesante destrucción de las instituciones republicanas, el aniquilamiento del equilibrio de poderes propios de una república democrática, el ataque a los derechos y libertades individuales, el acoso mordaz contra la libertad de expresión y los medios de comunicación, y la reiterada pretensión de acabar con los órganos autónomos para que no contradigan al presidente, para que no evidencien sus desbordamientos ilegales e inconstitucionales, y no organicen —caso concreto del INE— elecciones libres y democráticas.
A escasos tres meses de las elecciones del 6 de junio, se está jugando la vida de México, país en el que más del 51 por ciento del total nacional son mujeres, hoy agredidas, acosadas e insultadas por el propio presidente al señalarlas como instrumentos del conservadurismo y de una supuesta derecha fascista.
El discurso presidencial pretende ocultar que, con este gobierno, tenemos 11 feminicidios diarios, que seis de cada 10 mujeres son víctimas de violencia, que violan a una mujer cada seis minutos y que el índice de impunidad es de 99.3 por ciento. Y con ello, López Obrador avala que un violador serial como Félix Salgado, sea candidato de Morena al gobierno de Guerrero.
Estamos en esos momentos en los que, según el gobierno: “se están tomando las decisiones correctas” para coronar la obra de una supuesta “Cuarta Transformación”; pero en sentido contrario.
Según los datos duros de la realidad, vivimos momentos en los que se está evidenciando la descomposición en fase terminal, de un gobierno incapaz que polariza y enfrenta a la sociedad.
Las mujeres se están encargando de subrayarlo, como lo fue el acuerdo que recientemente impulsaron desde el grupo “50+1” “Por la Democracia Paritaria en México”, firmado por los partidos políticos.
Es la exigencia de igualdad, paridad y no violencia de género en contra de las mujeres. Se trata de esos manifiestos que pueden definir el rumbo de un país, y lo harán por la democracia y contra el pacto patriarcal del gobierno que encabeza López Obrador.
Me declaro un convencido feminista, como parte de una izquierda democrática, verdadera. Morena y sus aliados no lo son.
Presidente nacional del PRD