Israel, ¿a dónde vas?

Jean Meyer

Netanyahu es uno de esos líderes que consideran que ellos son los únicos calificados para dirigir a su país

Israel es un país de vanguardia; en ciencia y tecnología, por ejemplo, tiene su Silicon Valley. Al mismo tiempo, ha perdido valores que permitieron su fundación. Un amigo que tiene familia en Israel, me dice lo siguiente: Bibi (Benjamín Netanyahu), primer ministro desde hace muchos años, se encuentra acusado de corrupción, fraude y abusos de confianza. Los cargos son leves, según los criterios mundiales; no lo acusan de haber robado o desviado dinero, sino de haber aceptado regalos y usado su influencia. Nada que ver con las hazañas de nuestros políticos.

Si fuese decente, comenta mi amigo, dejaría su posición, pelearía su caso y, de ser blanqueado, volvería a ocupar su cargo de primer ministro. Eso hizo Itzhak Rabín y ganó el pleito; eso hizo Olmert y fue condenado. Ningún dirigente israelí se quedó en su puesto durante su proceso. Los tiempos han cambiado, de modo que, en lugar de escoger la dignidad, Bibi imita a su amigo Trump: ataca, culpa a los sicarios de la prensa, a los jueces vendidos y llama a sus partidarios a salir a la calle. Ha logrado un pacto con el general Benny Gantz (del partido blanco y azul) para formar un gobierno de unidad, de modo que Gantz no lo atacará sobre el caso judicial, a pesar de que no esté de acuerdo con lo que hace.

La promesa de anexar todo o parte de la ribera occidental del río Jordán obedece a la misma táctica. Presumió durante la tercera y última campaña electoral que lo haría en el transcurso del verano de 2020. Sus argumentos: 1) los judíos vivían en aquellos territorios antes de ser expulsados en 1948. No hacen más que volver a su casa. 2) El territorio estaba vacío, abandonado, baldío cuando lo ocupó el ejército en la guerra de los seis días. Ahora lo han poblado y puesto en valor 420,000 judíos. 3) Debemos aprovechar la oportunidad que representa la presidencia de Donald Trump. Si los demócratas ganan en noviembre, la anexión no será tan fácil.

¿Se lo creía Natanyahu? ¿Habrá sido un show para el Bloque de las derechas y de los partidos religiosos? ¿Para fortalecerse creando una corriente anexionista? Presentó su plan a Trump, marcando el 1 de julio como la fecha para iniciar el proceso de anexión; Trump, en enero de 2020, mencionó la posibilidad de aceptar la anexión de hasta la tercera parte de la zona C (que representa el 62% de Cisjordania y está administrada por el ejército israelí).

Boris Johnson advirtió que en su calidad de “apasionado defensor de Israel, espera profundamente que la anexión no se haga… pondría en grave peligro la perspectiva de paz regional”. Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, Premio Nobel de la Paz, declaró que “la anexión israelí es echarle gasolina al fuego… generará más amargura y alienación entre los palestinos y es una provocación a los países vecinos de Israel, lo que a su vez debilitará el marco democrático y constitucional del Estado judío”.

Pasó la fecha del 1 de julio sin novedad. ¿Por la pandemia o porque Donald Trump, en campaña electoral, no le dio luz verde? De todos modos, Netanyahu sabe que no tiene los votos necesarios en la Knesseth, el parlamento de Israel. Gantz está en contra de cualquier anexión sin acuerdo internacional y quiere conservar la paz con Jordania y Egipto. Aceptó el pacto temporario de gobierno de unidad únicamente para evitar una cuarta elección. Él y su partido no están en contra de una anexión limitada, siempre y cuando esté negociada (con los palestinos) lo que es imposible. Ahora bien, Netanyahu es uno de estos líderes que consideran que ellos son los únicos calificados para dirigir a su país. Por lo tanto, hará todo para quedarse en el poder.

Historiador

 

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