Actualidad de Lysenko

Decidí escribir ese artículo al saber que don Antonio Lazcano conoció en persona al agrónomo soviético Trofim Denissovich Lysenko (1898-1976), un hombre que pasó a la historia como el que ayudó a Stalin a destruir la biociencia en la URSS, especialmente la genética, contribuyendo al atraso de la agricultura en su país. El affaire Lysenko, 1948, ha sido presentado como una reedición de la persecución oscurantista ejercida por la Iglesia contra Galileo, comparación tan inevitable como errada. No e

Jean Meyer
Nación 16/01/2022 00:00 Actualizada 03:00
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Decidí escribir ese artículo al saber que don Antonio Lazcano conoció en persona al agrónomo soviético Trofim Denissovich Lysenko (1898-1976), un hombre que pasó a la historia como el que ayudó a Stalin a destruir la biociencia en la URSS, especialmente la genética, contribuyendo al atraso de la agricultura en su país. El affaire Lysenko, 1948, ha sido presentado como una reedición de la persecución oscurantista ejercida por la Iglesia contra Galileo, comparación tan inevitable como errada. No es un caso de religión, sino de una seudo nueva ciencia aplicada a un problema concreto, la baja producción agrícola soviética. No sólo la genética, sino todas las ciencias vinculadas a la agricultura fueron tiranizadas durante 35 años por técnicos promovidos a teóricos y apoyados por políticos convencidos de que el partido lo sabe todo, posee la verdad, en la pura lógica de los aparatos institucionales.

Todo comenzó con unas técnicas sencillas, tradicionales (“de nuestras comunidades rurales”), eficientes a su humilde nivel empírico, como la primaverización de los trigos o la siembra de papas germinadas. Por desgracia, en aquel entonces, las ciencias biológicas, en particular la genética, todavía no habían dado los descubrimientos que permitieron más tarde “la revolución verde” y, después, los OGM, organismos genéticamente modificados, algo que hubiera convencido al poder soviético.

Lysenko, técnico eficiente, cayó en la tentación de elaborar una teoría, crítica de Mendel y Darwin, y de presentarla como la aplicación del materialismo dialéctico a la ciencia, triunfo de la ciencia proletaria contra la ciencia burguesa: “neoliberal”, dirían hoy los herederos de Trofim Denissovich. Al perder su contacto con la realidad, esa teoría, con todo y su triunfo político-institucional, fracasó a la hora de su aplicación. Sin embargo, en 1948, después de haber apoyado a Lysenko durante muchos años, canonizan su teoría en doctrina de Estado y liquidan la biociencia soviética. ¿Por qué?

Desde el primer día de la revolución bolchevique, sus dirigentes estaban convencidos que lo sabían todo y mejor que los especialistas y, por lo tanto, manifestaron un soberano desprecio para los científicos y los intelectuales. Lenin llenó un barco con cientos de matemáticos, investigadores, filósofos enviados al exilio (eso los salvó del futuro Gulag); cuando Gorki le señaló que se trataba del cerebro del país, Lenin le contestó: “¿Cuál cerebro? Es la m… del país”. El “materialismo dialéctico” y el “histórico” desarrollados por Lenin y Stalin a partir de los textos de Marx y Engels habían perdido su dimensión crítica y su capacidad creativa. Arma poderosa en la competencia académica, en el marco de la vida política, afectó la ciencia definiendo lo “verdadero” y lo “falso”, de una manera tan voluble como mortífera. Más de un historiador, más de un científico perdieron la vida en ese juego. Muchos entendieron que ese marxismo particular servía para desbancar a los colegas. Una acusación de “ciencia burguesa” (neoliberal, dirían hoy) era más eficiente que la seria crítica del trabajo del vecino: podía provocar el cese, el arresto, hasta la muerte del investigador (hoy apertura de un expediente por la FGR bajo sospecha de “corrupción”).

Los gérmenes de la teoría de las dos ciencias, la buena y la “burguesa”, se encuentran en los textos de los padres fundadores y su desarrollo posterior empezó al día siguiente de la victoria bolchevique. Sobra decir que, aparte de carreristas oportunistas, muchos fueron sinceramente convencidos de que ese marxismo era la filosofía de la ciencia. Como preludio al “Gran Plan Stalin de Transformación de la Naturaleza”, se le dio a Lysenko, en 1948, el control absoluto de las ciencias biológicas; se condenó “los errores maltusianos de Darwin… el carácter reaccionario de Mendel y de la ciencia extranjera”. Estimados lectores, mis valedores, ¿no le suena conocido? Les remito el texto más reciente de Conacyt, publicado en el Diario Oficial, el 28 de diciembre de 2021.

La gran potencia china, gobernada por un partido comunista, se ha vuelto el primer productor mundial de maíz… genéticamente modificado. Sin comentario.

Historiador

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