Por inseguridad, empresarios quieren partir a Acapulco en dos

Javier Tejado Dondé

El proyecto “Nuevo Acapulco” requiere que el Congreso del Estado apruebe crear ese nuevo municipio

La quema del Baby’O y el presunto involucramiento del crimen organizado, exhibido en videos que muestran cómo le prenden fuego, es el más reciente capítulo en la historia de descomposición que vive el puerto de Acapulco, otrora meca del turismo. Lo sucedido fue tendencia en redes sociales y generó innumerables notas en la prensa nacional y extranjera, debido a los impactantes videos del incendio y a la negativa de las autoridades para aceptar lo acontecido y buscar a los responsables.

Pero la violencia en el puerto, los mensajes de presión a autoridades y el cobro de piso es algo que lleva años sin ser desarticulado. La descomposición de Acapulco inició en este siglo, pero arreció en el 2012 cuando, con la llegada del alcalde Luis Walton, el crimen organizado decidió “eficientar” sus cobros y, para ello, buscó obtener la base de datos del catastro público para saber cuántas propiedades tiene cada persona y cobrar con base en ello.

Para obtener estos datos, amenazaron al responsable del sistema de cobros del predial en línea del catastro de Acapulco, Simón Sokhn, quien tenía todas las bases de datos electrónicas. Como no las entregó, lo mataron afuera de su casa en la colonia Costa Azul, justo a unos metros del Baby’O. A los días de este homicidio y ante la insistencia del crimen, renunciaron Mariano Alonso Marcos, director de todo el catastro, y Jorge Organes, director de informática.

Para proteger las bases de datos del crimen organizado, el alcalde Walton tuvo que trasladar toda esa información y a todos los directivos del catastro a un edificio en Santa Fe, en la CDMX.

Pero con la llegada de un nuevo alcalde, Evodio Velázquez, en 2015, las bases de datos y el personal retornaron a Acapulco y empezó el escalamiento de la violencia y el cobro de piso, con lo que se presume que la información fue vulnerada. Desde este momento y, con la siguiente alcaldesa de Morena, la situación en Acapulco se ha seguido descomponiendo.

Es tal la descomposición que, debido a que el puerto parece imposible de recuperar, la iniciativa privada (IP) ha propuesto formalmente partir el municipio en dos partes: Acapulco, llegando desde el viejo aeropuerto en Playa Hornos, hasta la base naval de Icacos. Y el “Nuevo Acapulco” (emulando a Nuevo Vallarta), desde Icacos al nuevo aeropuerto. En este perímetro están los nuevos desarrollos de condominios, hoteles y centros comerciales. La idea del empresariado es blindar la seguridad de esta área, pero también diferenciarse de la mala marca que ya es Acapulco. Tan es así que se nombró al único hotel de gran turismo “Banyan Tree Cabo Marqués” y ya no se usó la palabra Acapulco.

El proyecto “Nuevo Acapulco” requiere que el Congreso del Estado apruebe crear este nuevo municipio. Y aunque toda la IP de Acapulco avala el proyecto y ve esta “amputación” como la única forma de rescatar una parte, a la clase política no le agrada la idea. Y es que 70% de la recaudación catastral estaría en el “Nuevo Acapulco”, con lo que el Acapulco tradicional, que es donde vive la mayoría de la población, se quedaría con menos recursos. La clase política está aferrada a no permitir la escisión, pero no hace nada por rescatar al puerto. De hecho, el aún gobernador Héctor Astudillo presionó a la IP para que no siguiera elaborando la separación.

El incendio del Baby’O ha reabierto el tema. Muchos inversionistas están tratando de salvar sus propiedades, desarrollos y fuentes de empleo, toda vez que ven al puerto colapsado por la inseguridad, y con una inservible red de agua potable y drenaje. Es probable que la nueva gobernadora de Guerrero tampoco comulgue con la secesión, pero de seguir la inacción de las autoridades, se perderá todo Acapulco, el tradicional y el nuevo. Ojalá rescaten todo el bello puerto y a su cálida gente: llevan 20 años en la zozobra.
 

Twitter: @JTejado

 

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