El pasado 15 de febrero la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó un importante evento con la comunidad fílmica nacional al que asistieron relevantes simpatizantes de la 4T, como Epigmenio Ibarra, María Rojo, Verónica Velasco, Luis Mandoki e Inna Payán.
Ahí se anunciaron importantes recursos federales para producciones de cine y audiovisuales que tuviesen un porcentaje relevante de insumos nacionales. Es una medida que han tomado diversos países para fomentar su industria cultural. Además de la identidad cultural, grabar en cualquier país impulsa al turismo y genera fuentes de empleo.
México siempre se había destacado por realizar importantes producciones, tanto por su belleza como por los directores y elencos artísticos de primera con que cuenta, así como una mano de obra especializada y más económica que la de Estados Unidos. Así, la lógica era que nuestra industria fílmica floreciera, pero no ha sido el caso.
Los estudios de grabación construidos en Rosarito, Baja California, en 1996, por 20th Century Fox, donde se realizaron importantes grabaciones, como Titanic, tuvieron que cerrar hace años por la inseguridad en la zona y por lo difícil que era conseguir permisos de la Secretaría de la Defensa para el uso de explosivos en filmaciones. La misma inseguridad alejó a producciones de otros estados y se fueron a otros países como Colombia, Brasil, Uruguay o República Dominicana, donde empezaron a concederles mejores incentivos a las producciones.
Otro golpe lo dio el presidente estadounidense Donald Trump, al anunciar hace meses que el cine realizado en otros países tendría un arancel de 100% para entrar a su país. Con todo esto, las filmaciones en México se frenaron. Nuestros directores, técnicos y artistas migraron en busca de trabajo a otras latitudes. Prácticamente, TelevisaUnivision fue la única que siguió produciendo, sobre todo para su plataforma Vix, con más de 65 mil horas en 2025.
El objetivo de la Presidenta Sheinbaum, anunciado hace un mes, es el correcto: posicionar mundialmente a México en audiovisuales para generar un círculo virtuoso. Pero hubo un problema: las leyes del Trabajo y de Derechos de Autor que se enviaron al Congreso de la Unión para incentivar las industrias culturales estaban mal hechas. Sólo tomaban en cuenta la visión de sectores afines a la 4T. Pretendían un régimen ultra proteccionista que facilitara el litigio contra productoras y empresas generadoras de contenido.
Algunos ejemplos: si bien a toda la industria audiovisual mundial le preocupa el (mal) uso que se le puede dar a la inteligencia artificial (I.A) para suplantar a personas y/o eliminar fuentes de empleo, se pretendió prohibirla por completo en México. Además, temas autorales pasan a tribunales laborales. Se permite revocar derechos de uso de imagen años después de haberse otorgado a una filmación, generando incertidumbre permanente en producciones realizadas, e incluso actividades como las de imitadores, parodia y cartonistas (quienes “retratan” a personas) hubieran quedado autocensuradas por riesgos de demandas frívolas.
Afortunadamente, la ley enviada al Congreso fue cuestionada por todas las industrias. Desde la radio y TV nacionales, los grandes estudios de Hollywood (representados por la Motion Picture Association), pasando por las cámaras empresariales que representan a Netflix, Amazon, Google, Meta, Warner Bros, Disney, TikTok, y hasta la American Chamber of Commerce y otras representaciones no menos relevantes.
En la Cámara de Diputados, todos los grupos parlamentarios se dieron cuenta de inconsistencias y frenaron la votación hace dos semanas. Luego, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel, personalmente instaló un diálogo con todas las organizaciones para perfeccionar las leyes enviadas. Un trabajo complejo, por el alto grado de temas técnicos y legales, hasta con implicaciones en el T-MEC. El trabajo fue diligente y contó con el apoyo de las secretarías de Economía, Trabajo y de la Consejería Jurídica de la Presidencia.
Tras ello, hoy se deben votar leyes que fomenten y protejan los trabajos de toda la industria cultural mexicana: cine, audiovisual, radio, teatro, doblaje, cantantes, artistas, cartonistas, etcétera, pero sin fomentar demandas frívolas y sin quitar certeza a las empresas que contratan talento mexicano. La propuesta que habían empujado los cineastas y sindicatos afines a la 4T hubiera dejado a México sin producciones y a todo el elenco mexicano sin trabajos relevantes.
Las leyes ajustadas que hoy se aprueban tendrán un sello distintivo de izquierda, pero irán a la par en vanguardia. Cualquier tema en el que se encuentren coincidencias para hacer avanzar al país es digno de celebrar. Bien por todos los involucrados, especialmente por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional del Derecho de Autor, que encontraron el justo medio.
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