Es difícil entender los cambios que, de manera vertiginosa, se están dando en el mundo: Estados Unidos (EU) se distancia e incluso amenaza con guerra a sus aliados históricos de Europa y de la OTAN. Los países del Mercosur firman acuerdos inimaginables con la Unión Europea. Canadá, aliado militar y segundo socio comercial de EU, acaba de firmar un mega tratado comercial y turístico con China. Todo ello, apenas, en los últimos cinco días.

Mientras tanto, EU está quitándole a China el petróleo que recibía de Venezuela, está a punto de lograr que el gobierno panameño le retire la concesión del Canal de Panamá a la empresa china Hutchison Ports, vía la Suprema Corte de Panamá y el Contralor General de la República, y está vendiendo 11 mil millones de dólares en armas a Taiwán para defenderse de cualquier agresión china.

En telecomunicaciones, el órgano regulador FCC amenaza a las tres principales redes de telecomunicaciones chinas (China Telecom, China Mobile y China Unicom) a no poder entregar tráfico en EU.

En lo tecnológico ha prohibido que Huawei y ZTE provean de equipos a las redes de EU y muchos otros países. Obligó a vender el control de TikTok en EU a Oracle e impuso a las exportaciones chinas un arancel promedio de 47%; para el resto del mundo es de 18.4%.

El gobierno chino no se ha “achicado” y ha tenido extraordinarios resultados económicos al lograr que su economía creciera 5.5% en 2025. La calidad en sus universidades está atrayendo jóvenes de todo el mundo y en biotecnología es líder mundial. Sus exportaciones rompieron récord, con un superávit de 1.19 billones de dólares. Y, mientras el dólar se debilita, China está logrando que el yuan esté entre las divisas líderes para transacciones internacionales: aún muy distante de la moneda de EU (80%), pero ya tendría 8% de este tipo de transacciones. Finalmente, China cerró a EU poder comprar libremente “tierras raras”, mismas que son clave para la industria militar y la de microchips.

Parece que lo que estamos viendo es una lucha hegemónica entre EU y China. Se está definiendo cuál de ambos países será líder en lo económico y militar. México está atrapado en este conflicto mundial, tratando de mantenerse neutral, lo que parece imposible de sostener.

Incluso Canadá, con más afinidad racial, cultural y militar a EU, está reestructurando su relación con China. Su economía se lo permite, pues creció casi 2%, mientras que México habría crecido apenas 0.3%. Los canadienses han dejado de viajar a EU, con una caída de 9 millones de visitantes o 29% en 2025.

México, ligado comercial y territorialmente a EU, enfrenta incertidumbre comercial y sus migrantes han sido blanco de redadas, pero somos el único país del mundo que aumentó su turismo al país vecino, en 10%. El turismo global a EU cayó 6% en 2025.

México acaba de imponer aranceles a productos chinos en un promedio de 28%, pero no ha hecho más contra China. Las demandas de EU han sido consistentes a raíz del tiempo: anular contratos con empresas tecnológicas chinas acusadas de espionaje, pero son las principales proveedoras del gobierno en telecomunicaciones. También limitar las inversiones chinas en México, sobre todo en sectores estratégicos, y acotar el control que tiene China de los puertos mexicanos. Actualmente controla 37% del comercio marítimo vía Hutchison Ports, con sus instalaciones en Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz y Ensenada.

Estados Unidos quiere que “cerremos” filas con ellos, aunque no lo hace de las mejores formas. La doctrina militar que había en EU decía que para 2030 habría guerra con China y que, para enfrentar a mil 400 millones de chinos, era necesario que Norteamérica —los tres países— sumara fuerzas, alcanzando 520 millones de personas.

Es difícil pronosticar qué será del mundo y de EU en los siguientes meses, pero México está más vulnerable que nunca en una pelea de gigantes en la que sus opciones son realmente escasas. Difícil posición la que tiene nuestro gobierno. Ha llegado el momento de definiciones y de aprovechar la coyuntura para sacar las mejores condiciones con alguno de ambos países. La estrategia dominante sería alinearse con EU, pero sacando algún provecho relevante para México. Seguir en la indefinición y en el rollo discursivo será muy costoso.

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