Los aproximadamente 190 mil boletos disponibles del grupo coreano BTS se agotaron en 40 minutos en Ticketmaster para los tres conciertos que darán en el Estadio GNP. Luego de eso, las redes sociales en México se incendiaron por sus seguidores, identificados como #ARMY, quienes pidieron desde sanciones a la boletera por “no respetar la fila virtual” e hicieron acoso digital a Ana Arroyo, directora de Ticketmaster. También exigieron más conciertos, pasando por el activismo para tirar la página web de Sasha Sokol, al ser la novia de Alejandro Soberón, director de Ocesa, la empresa organizadora.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) registró perfectamente el malestar social que se vivió el fin de semana e informó a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, en un gesto noble, reveló en la mañanera que escribió una misiva al presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, solicitando más conciertos.

Es algo poco factible y hasta inocente, pues el grupo no es manejado por el gobierno coreano, sino por la empresa multinacional Hybe Corp, con ingresos superiores a 1.8 mil millones de dólares. Esta empresa maneja además a artistas como Justin Bieber, Ariana Grande y Demi Lovato.

Tras el descontento, Profeco anunció que sacará lineamientos para el desarrollo de conciertos y la forma en que operan las boleteras, en aras de más transparencia e incluso buscando que regresen los boletos físicos (¡lo que es una demanda de los revendedores!). Los precios de los boletos más baratos de BTS, que se vendieron en mil 700 pesos, ahora están en 17 mil, un incremento de 900%. Y, los más caros, que estaban en 18 mil, ahora se revenden virtualmente en 118 mil pesos. La Profeco no tiene ni como sancionar a las empresas revendedoras (digitales) que están en el extranjero.

Con todo ello, ¿qué hacemos con el Mundial y sus millones de aficionados en México? El gobierno también anunció ayer, en la Mañanera, seis copas a jugarse en escuelas, colonias, hospitales, etc. También se está trabajando para que en unas 70 plazas públicas se exhiban gratuitamente los juegos para millones de aficionados. Se trata de incluir al mayor número de personas a eventos paralelos al Mundial.

Es relevante que los boletos del Mundial sean inalcanzables para la mayoría de la población. El nuevo modelo económico de la FIFA, buscando maximizar ganancias, relegó a la afición. Lejos quedará el recuerdo de las clases medias que fueron a otros mundiales. Incluso, aficionados cuentan que ir a 16 juegos en Qatar, incluido el boleto de avión, fue más barato que lo que cuesta ir a cinco juegos en el Estadio CDMX. Están tan caros los boletos que, desde ciudades sede de EU, en donde se gana en dólares, hay quejas que retrata la prensa local por lo elitista que se ha vuelto el acceso a los juegos.

Ahora que viene la última ronda de boletos que sacará la FIFA a la venta el 5 de febrero, no se espera una baja en los precios. Al contrario. Se ha hecho público que 500 millones de personas en el mundo buscan boletos. Pero en México, además de lo inaccesible de estos, reportajes de Ciro Gómez Leyva (Grupo Fórmula) han dado cuenta del incremento que se está dando en hoteles y vuelos los días del Mundial. A esto falta agregar taxis, restaurantes y muchos otros rubros en las tres ciudades sede en el país.

El Mundial no le costará casi nada a México, fuera de operativos en seguridad y algunos impuestos que exentará a la FIFA. Las obras que se están haciendo, como el tren ligero o el AICM se tendrían que haber hecho eventualmente. Así, la mejor opción para el gobierno es promocionar a México, para que tras el Mundial sigan llegando más turistas. El evento de la Feria de Turismo de Madrid, la semana pasada, fue exitoso en ese sentido.

Abrir puertas demagógicas, como en el caso de BTS, de que se van a pedir más conciertos y a sobrerregular los eventos no nos llevará a nada bueno. Sencillamente, caben los que caben en el Estadio GNP o en estadios mundialistas. Los precios, aunque no nos gusten, están regidos por la oferta y la demanda. Que el gobierno busque mayor regulación o brinde falsas expectativas sólo creará mayor desconcierto social, y que cantantes y empresas dejen de hacer conciertos en México. Así, si al gobierno le preocupa la reacción social que generó BTS, que se “agarre” con la que vendrá en el Mundial.

Más que dar falsas expectativas a quienes asisten a eventos musicales y deportivos, hay que explicar la realidad y asegurar que la derrama económica de estos eventos sirva para mejorar las ciudades en donde se realizan. Aunque no vayamos a conciertos o partidos, que sepamos que esos recursos sirven para embellecer y dar seguridad en las ciudades en que vivimos y caminamos. Falta hacer eso.

X: @JTejado

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