En la Iglesia —como en otros espacios de la sociedad— hubo historias que tardaron años en salir a la luz, y cuando finalmente lo hicieron, lo primero que revelaron fue la necesidad de ser escuchados.

Este martes, el Papa León XIV envió un mensaje al Congreso anual organizado por el Centro de investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor (Ceprome) en el que subrayó la importancia de esta acción: escuchar.

“Escuchar a las víctimas no es un gesto opcional, sino un acto de justicia y de verdad. De esa escucha brotan políticas creíbles, procesos integrales de reparación, estructuras de responsabilidad y mecanismos de rendición de cuentas”, dijo el Papa.

Escuchar no se trata de oír el relato de una persona que denuncia un abuso. Implica aceptar que el sufrimiento del otro tiene un lugar en nuestra conciencia. Y, por supuesto, aunque duela, significa reconocer que el silencio que rodeó muchos abusos también fue parte del problema.

Quienes han acompañado a víctimas saben que el primer gesto reparador no siempre es una enorme estructura institucional puesta al servicio. A menudo comienza con alguien que se detiene, mira a los ojos y le dice a la víctima “te creo”.

En los Evangelios aparece una escena que ayuda a entender esta realidad. Cuando el ciego Bartimeo grita al paso de Jesús, la multitud intenta hacerlo callar, pues la incomodidad de su voz les resulta molesta. Sin embargo, Jesús se detiene y pide que lo acerquen.

En la historia de los abusos sexuales en la Iglesia, ¿cuántas veces las víctimas han sido tratadas como Bartimeo por la multitud? Voces incómodas, relatos perturbadores, historias que algunos preferirían no escuchar. Lo cierto es que ignorar esas voces nunca ha sanado ninguna herida.

Es claro que la escucha, por sí sola, no basta, pero sí puede abrir el camino para transformar estructuras, revisar prácticas y construir una cultura de protección real.

En los últimos años se han multiplicado las normas y los mecanismos orientados a ese objetivo. El motu proprio Vos estis lux mundi, promulgado por el Papa Francisco en 2019 y actualizado posteriormente, estableció procedimientos obligatorios para denunciar abusos y exigir responsabilidades incluso a obispos.

Las reformas del derecho canónico en materia penal y las directrices adoptadas por conferencias episcopales en todo el mundo han colocado la prevención en el centro de la vida pastoral.

El Papa León XIV nos recuerda que un auténtico camino de reparación requiere de una “verdadera conversión en la justicia”, personal, pastoral e institucional, y exige a las autoridades eclesiásticas asumir el compromiso para, de esa manera, transformar las heridas en rendijas de esperanza.

El impacto de esta reflexión va más allá de la Iglesia, pues el abuso sexual de menores no pertenece a un solo ámbito. Aparece en familias, escuelas, entornos deportivos, instituciones públicas y privadas.

Escuchar puede cambiar instituciones. El Papa nos dice que donde la escucha se vuelve real, la Iglesia se vuelve más creíble, más humana y más evangélica. Lo mismo pasa con las instituciones que hoy están tan lastimadas por falta de ejercer la escucha.

Director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México

Contacto: @jlabastida

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