Hay una constante en la forma que tiene Morena para actuar: poner la mentira por delante al hacer anuncios, emitir informes, al hablar con la prensa, al usar redes sociales y al enfrentar a la incómoda oposición y a la crítica. Es la regla. Pero, el caso se torna más preocupante cuando advertimos que la presidente Claudia Sheinbaum ha hecho de la mentira y los montajes su más recurrido instrumento para la gobernanza. Nótese que no me refiero a su política de comunicación política o social. No. El eje rector de su gobierno es la verdad a medias, el cambio de terminología, la cómoda narrativa, la confrontación vía descalificación, y toneladas de dinero para comprar conciencias, líneas editoriales, encuestas y mensajes torcidos en redes sociales. No son solo las palabras. Es la expresión paralingüística y su lenguaje corporal. Puede dedicar tres horas todas las mañanas para hablar ante un auditorio a modo sin ánimo de informar sino de adoctrinar. Y, si acaso, llega a colarse algún reportero serio, articulado y valiente para ponerla contra las cuerdas en sus mentiras o contradicciones, termina el intercambio con un vulgar “ya no te voy a contestar” o el clásico “sin comentarios”. Basta recordar que, tras el segundo debate presidencial, el 6 de junio de 2006, López Obrador acusó a Felipe Calderón de haber favorecido, como secretario de Energía en el gobierno de Fox, a su cuñado, con contratos por 2,500 millones de pesos con Pemex. Tres días después, un grupo de 10 personas (incluido Fernández Noroña y la propia Sheinbaum) llegaron a nuestra casa de campaña con un “diablito” cargando ocho cajas de cartón y las supuestas pruebas del atraco. Pensaban dejarlas en la puerta y dar la media vuelta. No contaban con que ahí estarían medios de comunicación y un Notario Público. Se dio fe de que lo único que había era un diagrama que AMLO mostró en el debate. Sin declaraciones a la prensa, se fueron, ahí sí, con cajas destempladas. Luego, en diciembre del 2021, subieron un video del supuesto traslado en el “Tren Suburbano de Lechería al AIFA”, en el que “viajaban”, entre otros, el presidente López Obrador, su esposa, el gobernador Alfredo del Mazo y la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. Otro burdo montaje que fue rápidamente descubierto. Y, en estos días, dos montajes más: el bochornoso caso de las piernas al sol, de Florencia Franco, funcionaria de la Secretaría de Hacienda, en una ventana de Palacio Nacional. Lo negaron; argumentaron inteligencia artificial (IA); atacaron a medio mundo, y echaron a andar su granja de “bots” para que 10 días después, la propia Sheinbaum, humillada, terminara reconociendo que la escena fue real. Por si fuera poco, en su cuenta de X, Sheinbaum quiso presumir, el pasado 3 de abril, “así está el AIFA el día de hoy. Vuelos al 100 a todos los destinos”. También resultaron falsas imágenes, con burda producción de IA. Su nueva reacción fue que las críticas eran “ridículas y el odio llevado al extremo”. Ni hablar. Es #LadyMontajes
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