Gobernar es también comunicar. Es echar mano de todo tipo de herramientas para ejercer la comunicación política y social. Cuando la balanza se inclina hacia la demagogia, el adoctrinamiento o la polarización social, no se está frente a un sano ejercicio de comunicación. Más bien se trata de un distractor. Tarde o temprano ese ejercicio termina por agotarse y topa con pared o con las urnas. Es el caso de México y, concretamente, de la presidente Claudia Sheinbaum. Tratando de emular al líder de su secta, desde el inicio de su gobierno ha sostenido conferencias de prensa ¡a diario! mejor conocidas como “mañaneras”. Mismo estilo, mismo formato, mismos reporteros, en su gran mayoría dóciles con el régimen, con preguntas “a modo” para permitir que la titular del Ejecutivo Federal marque agenda y se tiendan cortinas de humo para evitar que se hable de lo realmente importante. Sostengo que este país cambió a partir del pasado 1 de noviembre, tras el cobarde asesinato del entonces alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. Desde entonces, la comunicación gubernamental ha sido un desastre. Sus mecanismos de control de daños son patéticos; su intolerancia frente a los medios de comunicación, conductores, reporteros, intelectuales y plataformas digitales raya en la censura, el hostigamiento y el acoso. Se pisotea la libertad de expresión, de prensa y el derecho a la información porque a la señora no le gusta cómo se presentan las noticias. Ataca al mensajero porque alucina el contenido de la misiva. Y, por si fuera poco, ahora le hace de vocera general y defensor de oficio, de todo tipo de personajes e instituciones. Si se meten con Adán Augusto López ella concluye que no hay razón para que se le investigue porque, a su decir, no hay denuncias (vocera de la Fiscalía supuestamente autónoma). Si le preguntan por la Reforma Electoral por venir, adelanta tiempos, contenidos, descalifica a la oposición y hasta iniciativas ciudadanas (vocera del Poder Legislativo). Si los torpes ministros de la Corte se compran camionetas nuevas y blindadas, ella dice que se ahorraron ¡mil millones de pesos! Luego, el presidente del máximo tribunal del país, Hugo Aguilar, se atreve a humillar en plena vía pública a dos colaboradores para que le limpien los zapatos (incluida una mujer), a la vista de asistentes a la ceremonia por la promulgación de la Constitución, en Querétaro, y miente al emitir un comunicado con una versión a todas luces falsa respecto de lo que todos pudimos ver. ¿Quién salió en su defensa? la misma vocera oficiosa de la Corte, la presidente Sheinbaum, con el bobo argumento de que lo importante no era la bajeza sino que el farsante ya se había disculpado mediante un comunicado. Así pues, con ese coctel de ignorancia, arrogancia, intereses creados, mentiras y asumiendo un papel que no le corresponde, la señora piensa que las encuestas que presume reflejan la verdad y que los mexicanos somos estúpidos. Pero no. Somos resistencia, que es muy distinto.

Abogado. @JLozanoA

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