Hay democracia para rato

Javier Lozano

El país está dividido, partido, roto. La mitad de los electores salió a votar ayer, la otra, no. En grandes números, Morena alcanza la mitad de las curules en la Cámara de Diputados y, la otra mitad, la obtiene la coalición formada por tres partidos, otrora antagónicos: PRI, PAN y PRD. Claro que, con sus aliados, Morena alcanza la mayoría absoluta. Sí, esa que el ignorante presidente dice que no existe. En la Ciudad de México, corazón del país, bastión de la “izquierda”, centro político de Morena, guarida de las principales figuras de ese movimiento, el golpazo que recibió el movimiento lopezobradorista fue demoledor. Un socavón poblano que es directamente proporcional a la tragedia provocada, por la negligencia criminal, de la “línea 12” del Metro. De otra parte, de las 15 gubernaturas en juego, si bien Morena triunfa en la mayoría de ellas, hay que tener presente que, de los 30 millones de votos obtenidos y presumidos en 2018, les quedaron ayer solo 17 millones de sufragios. Esa luz de esperanza, esa guía mesiánica prometida con que llegó el perseverante candidato para transformar a México, quedó disminuida a un cúmulo de buenos deseos, de acusaciones al pasado, de intolerancia y persecución política, y de un apetito desmedido por el poder. Al mismo tiempo, en entidades como Puebla y el Estado de México, el PAN recuperó importantes bastiones que se pensaban perdidos, como lo es la zona metropolitana de la capital, en el primer caso, y el tradicional corredor azul, en el segundo. El mensaje es claro: AMLO y Morena no son invencibles. Rescatable, desde luego el papel de la ciudadanía al conducirse con civismo, responsabilidad y patriotismo, como funcionarios de casilla, elegidos al azar y sin remuneración. De ahí que, cuando el presidente de Morena, Mario Delgado, anticipaba un fraude electoral para el 6 de junio, no insultaba solo al Instituto Nacional Electoral (INE), sino a estos cientos de miles de mexicanos que, de principio a fin, condujeron una ejemplar jornada. Mención aparte merece el propio INE, organismo constitucional autónomo que demostró ayer, una vez más, la pertinencia y oportunidad de su existencia. Dos lecciones finales: la división y polarización, provocada por el propio presidente, ha hecho mucho daño a México. A juzgar por la mañanera de este lunes, no parece tener la más mínima intención de cambiar su discurso de odio. Y la coalición PRI-PAN-PRD demostró que pueden trabajar juntos y encontrar puntos en común en aras de un bien superior. De mantenerse juntos y lanzar una agenda alternativa al electorado, tendremos democracia para rato.

 

Abogado

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