Después de 12 reducciones consecutivas de su tasa de interés de referencia, el Banco de México decidió el 5 de febrero dejarla sin cambio ante el ajuste al alza de sus pronósticos para la trayectoria de la inflación en los próximos dos años y la necesidad de continuar evaluando los factores que inciden en esta, entre los que destacan las medidas fiscales implementadas a principios de 2026.
La decisión en sí no fue motivo de controversia, ya que fue bien comunicada y anticipada por los mercados, además de que estos en general consideraron justificada la pausa en el relajamiento de la política monetaria. Sin embargo, varios analistas han opinado que el retraso en la actualización de los pronósticos de inflación del Banco Central afectó su credibilidad. Creo que estos comentarios deben ponderarse con cuidado, sobre todo para evitar malentendidos y, en particular, que se cree la impresión de que el compromiso de la institución con el cumplimiento de la meta se está debilitando.
Los determinantes de la inflación en este momento son en mi opinión claros. Ante la debilidad de la actividad económica no existen presiones de demanda y la apreciación del peso frente al dólar está contribuyendo a contener el crecimiento de los precios. Por tanto, la inflación está siendo impulsada por choques de oferta derivados de aumentos salariales desconectados de la productividad de la mano de obra, medidas fiscales enfocadas en aliviar las presiones sobre las finanzas públicas y la inercia que estos factores introducen en la formación de precios. A lo anterior se irá agregando en los próximos meses el efecto de los recientes incrementos a los aranceles a la importación de algunos productos.
El Banco de México y diversos analistas consideran que el efecto de estos choques se disipará gradualmente porque son ajustes de una sola vez. La verdad es que no entiendo la lógica. Las autoridades han anunciado su intención de seguir aumentando agresivamente el salario mínimo en los próximos años. Además, ante los retos que enfrentan las finanzas públicas, es de esperarse que año con año se tomen medidas equivalentes a las implementadas a principios de 2026.
Es verdad que los milagros suceden y que esto no se puede dar por sentado. Pero también es cierto que este es el escenario base más razonable, lo que implica que la tasa de interés neutral podría ser más alta de lo que se está suponiendo.
¿Cuál es la posición de Banxico ante esta situación?
Considerando las circunstancias de la decisión, el componente más novedoso del Anuncio de Política Monetaria del 5 de febrero es la guía sobre las acciones futuras. En tanto que en el comunicado previo se había señalado que “Hacia adelante, la Junta de Gobierno valorará el momento de realizar ajustes adicionales a la tasa de referencia”, en el más reciente se especificó que “Hacia adelante, la Junta de Gobierno valorará realizar ajustes adicionales a la tasa de referencia”.
La sutileza del cambio provocó interpretaciones encontradas respecto de si Banxico había mandado un mensaje de mayor o menor cautela. Sin embargo, en una intervención posterior el subgobernador Jonathan Heath aclaró que el mensaje del Banco es que si la inflación se comporta de conformidad con sus proyecciones, la institución probablemente reducirá su tasa de interés “tan pronto como en marzo”.
No obstante la intención de continuar disminuyendo la tasa de referencia, en sus más recientes estimaciones el Banco de México anticipa cumplir la meta de inflación de 3% en el segundo trimestre de 2027. Más allá de que estos cálculos siguen sin convencer a la mayoría de los analistas, a mi parecer mandan el mensaje cuestionable y riesgoso para el Banco de que éste puede cumplir por sí solo la meta de inflación en un plazo relativamente breve, aun si otras políticas públicas operan en la dirección contraria.
Es probable que las estimaciones del Banco estén suponiendo que no habrá nuevos choques por el lado salarial, fiscal y arancelario a principios del año entrante. El problema es que si este supuesto no se da a conocer ni se explican razones convincentes para usarlo, el costo de credibilidad en caso de que dichos choques ocurran y no se pueda cumplir con la meta de inflación será absorbido por Banxico.
¿Qué puede hacer el Banco ante esta perspectiva?
Desde mi punto de vista una combinación de acciones, la mayoría relativamente sencillas: un diálogo más intenso con el sector privado para explicar sus pronósticos, escuchar opiniones y disipar dudas; actualizar sus proyecciones para la inflación de manera oportuna para evitar enredos que incidan en su credibilidad; dar a conocer los supuestos utilizados en estos pronósticos y explicar la respectiva fundamentación, de tal forma que los analistas los puedan entender y en su caso replicar; y convencer a quien sea conveniente en el gobierno de que la manera más eficiente de reducir las tasas de interés es mediante un esfuerzo conjunto que permita el cumplimiento de la meta de inflación de una manera ordenada.
Por supuesto que hay otras opciones. Pero a mi juicio la peor de ellas es hacer caso omiso de la preocupación que se está observando en algunos segmentos del mercado. El riesgo de un piso más alto para la inflación nunca debe menospreciarse.

