Me enteré por la prensa que a mediados de enero la presidenta Sheinbaum se reunió con un grupo de economistas, en su mayoría académicos de universidades públicas y una privada, además de una representante del sector empresarial, para escuchar sus puntos de vista sobre un tema de importancia fundamental para el país: ¿por qué la economía mexicana no alcanza tasas de crecimiento satisfactorias?

Considero que el primer comentario obligado es que esta es una iniciativa que merece reconocimiento y debe ser aplaudida. Deja de manifiesto, por una parte, la preocupación de la Sra. Sheinbaum por el tema que resume el reto principal que enfrenta el país en el ámbito económico: un crecimiento del PIB paupérrimo que ha provocado un estancamiento del ingreso per cápita en los últimos siete años, que se ha agravado con el tiempo y cuyo potencial de largo plazo ha caído por debajo de 2%. Adicionalmente, el evento refleja el interés de la presidenta por escuchar puntos de vista más allá de los que pueden darle los integrantes de su equipo.

Aunque no existe un comunicado oficial de la reunión, la prensa ha publicado información, parcial pero útil, de los comentarios realizados por algunos de los participantes, lo que nos permite tener una idea de su diagnóstico y propuestas. Por lo que se puede desprender de estas declaraciones, independientemente de la simpatía que algunos de ellos puedan tener con el gobierno actual, da la impresión de que fue un diálogo franco, en el que los puntos de vista se expusieron con ánimo de ayudar y sin cortapisas.

El tema me resulta de interés también porque en 2023-2024 tuve la oportunidad de coordinar la publicación de un libro (México en la encrucijada, Ariel, 2024) enfocado precisamente en este tema. Distribuido después de finalizadas las elecciones presidenciales para evitar malentendidos, su objetivo era proporcionar al partido político que ganara la contienda, cualquiera que este fuera, un punto de apoyo para el diseño de su estrategia económica, concentrando los esfuerzos en responder a la pregunta: ¿qué debe hacerse para que la economía mexicana logre un crecimiento adecuado, balanceado y sostenible?

Para ello se seleccionaron diez temas y se invitó a 11 de los más reconocidos especialistas en cada uno de ellos, buscando además diversidad en experiencia profesional (sector público, sector privado, academia y organismos internacionales), género e inclusive generacional. Esto implicó la participación de ex servidores públicos del más alto nivel, el Banco de México, el Colegio de México, el Banco Mundial, la Universidad de Columbia y representantes del sector financiero privado nacional y extranjero.

Como es lógico, este esfuerzo es de naturaleza diferente al convocado por la presidenta. Fue un ejercicio preparado a lo largo de varios meses, por lo que contiene un mayor grado de detalle, analiza una amplia variedad de temas y permite dejar un testimonio por escrito tanto del diagnóstico como de las propuestas de solución, mismas que por cierto en su gran mayoría siguen siendo válidas. Sin embargo, aun teniendo presente que existen muchos temas de detalle para los que no hay bases de comparación, no deja de llamar la atención el grado de traslape entre las líneas generales del diagnóstico realizado en uno y otro ejercicios.

La información disponible sugiere que esto abarca la naturaleza fundamentalmente interna y estructural de los retos, la imposibilidad de lograr el desarrollo social y el crecimiento sostenido de los salarios reales en un entorno de estancamiento económico y contracción de la productividad como el que estamos viviendo, la gravedad del problema de finanzas públicas que enfrenta el país, los factores que están frenando la inversión pública y privada, la ausencia de una política integral para fomentar la productividad, y los problemas económicos y sociales que plantea la coexistencia de una economía moderna con otra rezagada en donde se concentran la informalidad y las empresas medianas y pequeñas.

La implementación de un programa económico enfocado en detonar el crecimiento es un proceso largo y complejo en el que se tienen que superar varias etapas. Lo primero por supuesto es un diagnóstico adecuado de la situación y de las medidas que deben implementarse. Posteriormente se necesita obtener el apoyo político para llevarlas a cabo, su implementación eficiente y la capacidad para sostener las acciones durante el tiempo que sea necesario para que tengan el efecto buscado.

En mi opinión, el diagnóstico es el tema menos intrincado en ese momento. La coincidencia de puntos de vista de dos grupos de economistas diferentes como los que se describen en este artículo, así sea en los lineamientos generales, respalda esta conclusión. Y no tengo duda de que si se solicitara el parecer de más economistas independientes la conclusión sería similar. La verdad es que no me sorprendería que inclusive un buen número de los economistas gubernamentales compartiera muchos de los ingredientes de este diagnóstico.

Con la gran mayoría de opiniones expertas apuntando en la misma dirección, ¿no sería de esperarse mayor reflexión y el reconocimiento de que existen elementos que no han sido contemplados en la estrategia actual? Aunque no me hago muchas ilusiones, reconozco la relevancia de esta apertura presidencial a cuando menos escuchar otras voces. Ojalá que la historia no termine ahí, con una reunión de unas pocas horas en el olvido.

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