Al provocar fuertes incrementos en los precios del petróleo y otros productos, la guerra en Irán representa un nuevo choque de oferta para la economía mundial, que está teniendo de manera simultánea efectos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico.
Ante la magnitud de los daños a la infraestructura petrolera, instituciones como la OPEP y el Banco Central Europeo han señalado que los efectos de este choque se extenderán por un periodo largo. La preocupación ha llegado a tal punto, que algunos de los responsables de la política económica en varios países han hecho sonar la alarma por el riesgo de que esto dé lugar a una situación de estanflación. Naturalmente, esto hace surgir la duda respecto de en qué medida este es un escenario posible para México.
Como es bien conocido, la estanflación es una condición macroeconómica caracterizada por la coexistencia simultánea de inflación elevada y persistente con estancamiento económico, es decir, un crecimiento del PIB prácticamente nulo. Esta situación da lugar a retos para las políticas macroeconómicas, ya que las medidas contractivas, requeridas para combatir la inflación, pueden agravar la debilidad de la actividad económica. Por el contrario, aquellas enfocadas en estimular el crecimiento pueden acentuar las presiones inflacionarias.
¿Qué piensan los analistas sobre el riesgo de que esto ocurra en nuestro país?
La mayoría de las proyecciones macroeconómicas prevé una inflación por encima de la meta de 3% del Banco de México y un crecimiento débil en los próximos dos años. Sin embargo, este último no puede ser calificado como una situación de estancamiento económico. Por tanto, aunque el riesgo no se puede descartar, la opinión generalizada es que la estanflación no es en este momento el escenario base para nuestra economía.
Esto no implica que podamos estar satisfechos con las trayectorias previstas para la inflación y el crecimiento. Por el contrario, la perspectiva es cada vez más preocupante.
En el caso de la inflación, lo que hemos visto en la información más reciente son cifras de 4.6% en el caso de la general, una inflación subyacente persistentemente alrededor de 4.5% y expectativas de inflación que se están ajustando al alza y se mantienen tanto en el corto como en el largo plazos en niveles superiores a la meta del Banco Central.
Y lo que es más alarmante, la encuesta entre especialistas en economía de Banxico publicada a principios de abril, registra un incremento de las expectativas de inflación de largo plazo a 3.7%. Esto debería ser motivo de reflexión y preocupación para las autoridades de nuestro Banco Central, porque sugiere que el piso para la inflación está aumentando, lo que acentúa los retos para la credibilidad de la institución. Pero también porque este incremento se produce inmediatamente después de la más reciente decisión de política monetaria, que ha sido motivo de polémica tanto dentro como fuera del Banco.
La situación en el caso del crecimiento económico es igualmente compleja. El Banco de México estimaba antes del estallido de la guerra en Irán crecimientos del PIB de 1.6% en 2026 y 2% en 2027, con un balance de riesgos sesgado a la baja.
La guerra, y cifras que apuntan a una contracción del PIB en el primer trimestre de 2026, una débil confianza empresarial y una situación en la que ninguno de los especialistas del sector privado encuestados por el Banco de México considera a las condiciones actuales como favorables para la inversión, implican que varios de los riesgos contemplados por Banxico se han materializado.
Todavía faltan varios meses para que el Banco Central dé a conocer sus nuevos pronósticos de crecimiento económico. Mientras tanto, los más recientes de los especialistas del sector privado antes señalados se ubican en 1.5% para 2026 y 1.8% para 2027.
En contraste, los Pre Criterios de Política Económica para 2027 publicados la semana pasada por la SHCP, proyectan rangos de crecimientos del PIB con puntos medios de 2.3% en 2026 y 2.4% en 2027. Lo anterior se combina, además, con metas de reducción de la definición más amplia del déficit fiscal (los Requerimientos Financieros del Sector Público) de 2025 a 2027 de 1.4 puntos porcentuales (a 3.5% del PIB).
Ante pronósticos de Banxico y de todos los especialistas del sector privado antes señalados de un crecimiento menor para el referido lapso, la credibilidad tanto de las proyecciones de crecimiento como de las metas fiscales de la SHCP es, por decirlo de una manera cortés, endeble. Y a esto habría que agregar que los referidos especialistas estiman un crecimiento de largo plazo de apenas 1.8% anual, menor del observado en el tan criticado periodo “neoliberal” y que probablemente seguirá ajustándose a la baja.
En suma, aunque el riesgo de estanflación no se considera en la actualidad el escenario más viable para la economía mexicana, se vislumbra una perspectiva preocupante en materia de inflación y crecimiento, y la política macroeconómica enfrenta un problema serio de credibilidad que se debería de atender.
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